BERMUDAS

ARANTZA FURUNDARENA

Recuerdo perfectamente a Arantxa Sánchez Vicario diciendo en una entrevista que tenía la conciencia muy tranquila porque cualquiera en su caso habría hecho lo mismo. Se refería la tenista a fijar su residencia en Andorra para esquivar a Hacienda, una práctica bastante común entre los ricos que algunos llegaron a bautizar como «hacerse un Arantxa». Yo, que con Arantxa Sánchez Vicario no comparto más que el nombre y ni siquiera la forma de escribirlo, sigo poniendo en duda a fecha de hoy (y así será hasta el día que me toque La Primitiva) qué haría en su lugar... Si cumplir o escaquearme. Y hay días, no todos, en los que concluyo que probablemente también me haría andorrana, igual que mi tocaya o, más recientemente, Tita Cervera. Y no por huir de Montoro sino, como diría con mucho cuajo la propia baronesa, por sus incomparables paisajes.

Está claro: sin pelas no hay paraíso (fiscal). Lo demuestran esos papeles que acaban de salir a la luz y que van a hacer perder los papeles a más de uno. En ellos se descubren otra vez complejísimos entramados financieros imposibles de abarcar para la mente del ciudadano de a pie, pero sencillísimos de comprender en su esencia: la vieja avaricia de siempre, tan desalmada y humana a la vez. En los llamados 'territorios opacos', donde paradójicamente suele brillar mucho el sol, conviven las cuentas 'offshore' de celebridades de todo tipo, desde Madonna a la reina de Inglaterra. El chiste es inevitable: ¿Qué tienen en común Madonna e Isabel II? ¡Las Bermudas!

En esas islas sitúan la fortuna oculta del cantante Bono, el incansable activista que ha dedicado media vida a sacudir los bolsillos de los demás para paliar el hambre en el mundo. Ahora se entiende su entrega, su desmedido afán por recaudar fondos... Es que era eso, la caridad, o el tener que recurrir a la justicia social y al reparto equitativo a través del pago de impuestos. Y hasta ahí podíamos llegar. Sugiero que todo el esmero empleado en desenmascarar a los evasores se ponga ahora en elaborar una lista de millonarios que apoquinen sus impuestos sin la menor triquiñuela. Servirían de ejemplo, restaurarían la fe en el ser humano... Y lo más importante: acabaríamos antes.

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