La arriesgada apuesta de Letizia

Los Reyes reciben la ovación de los asistentes a la ceremonia de entrega de los Princesa de Asturias./Chema Moya (Efe)
Los Reyes reciben la ovación de los asistentes a la ceremonia de entrega de los Princesa de Asturias. / Chema Moya (Efe)

La Reina elige para la ceremonia de los Premios Princesa un vestido, inspiración oriental, que hacía movimientos extraños en la falda

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La ceremonia de entrega de los premios que llevan el nombre del heredero de la corona han sido, desde 2004, una fecha marcada en el calendario de doña Letizia. Es un vuelvo a casa. Allí, emocionada, con lágrimas en los ojos, recibió una cerrada ovación el año en que se estrenó como Princesa de Asturias. Luego, con el paso del tiempo, sin perder la emotividad, doña Letizia fue ganando en seguridad y, siempre, siempre, sus looks han recibido notas muy altas. En las doce ediciones anteriores en las se sentó a la izquierda de don Felipe (no acudió a una, al estar en avanzado estado de gestación de la hoy princesa Leonor) confió su imagen en Felipe Varela. Y en la trece volvió a apostar por su modista de cabecera, pero esta vez falló. Un vestido de georgette de seda blanco bordado en hilo y cristal negro con un movimiento extraño; quizás por el excesivo vuelo o, más bien quizás, por el tejido, ligero, que se sustentaba gracias a un cancán que, en movimiento, marcaba continuamente el bajo. El cuello y la manga, estilo japonés, tampoco es que ayudara mucho a completar un vestido que, eso sí, le sentaba como un guante a la Reina. Y otra cosa no, pero sí hay que reconocer que Felipe Varela le tiene bien tomada la medida a doña Letizia. En un primer momento recordaba en exceso, en el largo y estilo, al que la Reina había lucido la noche anterior, también firmado por Varela en color azul oscuro. Su peinado tampoco le favorecía demasiado. Y como joyas, un brazalete de brillantes, un anillo en el dedo índice de la mano izquierda y los pendientes de brillantes negros (432 para ser exactos) que llevan en su joyero desde los primeros años en Palacio.

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Favorecido, mucho, el Rey. Con un traje azul marino, impecable, que combinó con una corbata verde que, cabe recordar, era el color con el que los monárquicos reconocían a su rey durante la República. Entonces no se podían lucir emblemas ni distintivos de apoyo al Monarca, así que los monárquicos crearon un código secreto: emplear una prenda verde, entiéndase pañuelo o corbata. ¿Y por qué verde? Porque es el acrónimo de Viva El Rey De España. Casualidad o no, Mariano Rajoy también apostó por el verde.

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