La Rioja

DALAI

Una vez le oí contar a Marta Ferrusola lo mucho que sufrieron sus hijos de pequeños. Relataba con pesar que llevaba a los niños al parque y que ellos regresaban enseguida a cobijarse entre sus faldas acobardados... «Mama, mama (sin acento), no podemos jugar con otros niños -gemían- porque no hablan catalán». Ya entonces los pequeños Pujol me parecieron raritos. Pero ahora que han crecido todavía los veo más desubicados. No los culpo. Supongo que ser hijo de una 'madre superiora' y del 'Dalai Lama' tiene que marcarte a la fuerza, te obliga a vivir en una realidad paralela. Oleguer (en castellano Olegario, nombre de un antiguo obispo de Barcelona) está convencido de que su padre es un santón. Y en el fondo tiene lógica. A él y a sus hermanos no solo los educaron en catalán, sino principalmente en un dialecto propio, tribal, donde el dinero era algo tan sagrado que en su casa a un millón se le llamaba misal.

Recuerdo que hace años un político extranjero de visita en Barcelona asistió a una exposición de monas de chocolate y en un tremendo despiste confundió una figura de E.T. con la Moreneta. No se derrumbó el monasterio de Montserrat de milagro. La verdad es que la Moreneta y E.T. se parecen tanto como un huevo a una castaña. Y a pesar de ello son bastante más similares entre sí que Jordi Pujol y el Dalai Lama. A Pujol (más cercano a E.T. que a la Moreneta) con el que siempre se le ha comparado es con Yoda, que sí, algo de maestro Zen tenía...

Va a ser eso: que los pequeños Pujol, imposibilitados para jugar en el parque por culpa de ese destierro interior sufrido por los catalanes en su propia tierra, se tuvieron que pasar la infancia viendo películas. Y no precisamente de Kurosawa. Imagino que, pegados a la tele, primero se engancharían a la serie 'Kung Fu' y luego, ya muy empapados en la filosofía del 'pequeño saltamontes', verían 'La guerra de las galaxias', donde un personaje en túnica, tan honorable como su padre, impartía lecciones a su pupilo sobre cómo alcanzar el camino de la Fuerza... En su caso, llenándose los bolsillos. Empiezo a sospechar que si los niños de Marta Ferrusola no tenían con quien jugar en el parque no era por hablar en catalán, sino por hablar en chino.

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