La Rioja

Trío de reinas. Ruth Belll, Molly Bair y Harleth Kuusik arrasan en las pasarelas de la mano de Cheri Bowen,  la cerebro de  la agencia de modelos más  radical. :: E. C.
Trío de reinas. Ruth Belll, Molly Bair y Harleth Kuusik arrasan en las pasarelas de la mano de Cheri Bowen, la cerebro de la agencia de modelos más radical. :: E. C.

El influjo de las caras raras

  • Cheri Bowen mueve el negocio de las bellezas extrañas pero rentables. «Hay mucho prestigio en ser diferente», sostiene

La pasión que la industria de la moda siente por los rostros extraños viene de lejos. Sin embargo, esta fascinación va a más cada temporada, hasta rayar la obsesión. Tiene mucho que ver con los enormes réditos económicos que reporta, especialmente a las agencias de modelos. Entre la ética y la estética, el negocio se decanta sin ambages por una belleza imperfecta, pero sin descuidar en ningún momento la cuenta de resultados. Puede que sea una industria arriesgada, pero nada suicida. Mide muy bien unos pasos que comenzó a cambiar hace ya casi 30 años con la irrupción de una adolescente Kate Moss, cuyas facciones acabaron con la tiranía de guapas que lo decían todo con su mirada. ¿Lucirían hoy con la misma espectacularidad que en los ochenta Naomi Campbell, Linda Evangelista, Cindy Crawford, Elle Macpherson o Christy Turlington?

Existen dudas más que razonables. No hay forma si no de explicar los jugosos contratos que las firmas de lujo brindan a modelos como la ucraniana Masha Tyelna, conocida como la 'mujer pez' por sus ojos enormes y excesivamente separados. El cazatalentos de turno se fijó más en su cara que en sus curvas y espectaculares medidas: 80-58-88.

Cuando no es el estrabismo, que ha convertido en icono a la británica Moffy -«siempre fui una marginada, aunque una marginada con confianza»-, es una mancha la que dispara la cotización de Cassandra Naud, la mujer «marcada». Así es como bautizaron a esta bailarina, modelo y presentadora canadiense que nació con una señal grande, oscura y peluda en el rostro. Quiso quitársela a los 13 años, pero sus padres desistieron al asegurarles los médicos que la operación le dejaría cicatrices. Otras veces son la ausencia de pigmentación (albinismo), el vitiligo o las diastemas los mejores salvoconductos hacia el éxito.

Y cuando no se trata de ninguna peculiaridad física interviene de forma voluntaria la mano de Cheri Bowen. Al frente de la agencia The Society Management, creada hace solo cinco años, ha revolucionado las reglas del juego. Arrasa en las pasarelas con muchachas singulares de rasgos únicos y poco ortodoxos. Maniquíes con una gran personalidad. Bowen ha acabado con el reinado de los estándares de las bellezas tradicionales. Lleva la cartera de Lindsey Wixson, a la que sus colegas conocen como 'dientes de conejo'. La joven de Kansas se ha convertido en una de las preferidas de Prada para cerrar unos desfiles en los que nunca pasa desapercibida por sus labios abultados y la hendidura de su barbilla.

A Molly Bair, la chica 'alien' por sus orejas de soplillo, la planta unas horquillas que transfiguran aún más su rostro para alegría de unas marcas que la tratan «como a un bicho raro». Esta veinteañera norteamericana presume de ser la «'modelo rata'» y vive sin complejos: «Ser feliz y estar segura de una misma es genial», expresa. Piensa igual que Harleth Kuusik, uno de los ojitos derechos de Giambattista Valli y Carolina Herrera. «La originalidad es la nueva frontera. Me encanta una cara que va contra las normas. También creo que es empoderador para aquellas mujeres que no se parecen a Taylor Swift o a Brooke Shields de joven que sean capaces de verse a sí mismas en los rostros de estas modelos diferentes y darse cuenta, sin dudarlo, de que ellas también son hermosas», explicó Cheri Bowen a la revista 'Glamour'.

«La habilidad de la chica»

Trabajar con profesionales que escapan de las tendencias resulta clave para alimentar unos desfiles que generan un enorme revuelo mediático que no tiene precio: «La personalidad es, sobre todas las cosas, el factor esencial. Temporada tras temporada, presenciamos continuos cambios en la tendencia de lo que es considerado atractivo», reflexiona. «Así que el verdadero éxito depende de la habilidad de una chica para destacar y forjar relaciones sinceras y duraderas con los diseñadores, fotógrafos, editores y creativos que dirigen la industria», apostilla.

¿Hasta dónde se prolongará el reinado de unas modelos que saben sacar partido a unos rasgos tan especiales? Bowen les augura una larga vida al entender que las firmas más exclusivas priorizan «la excepcionalidad genuina de una chica. Es lo verdaderamente aspiracional hoy en día. El peor error que puede cometer una modelo -subraya- es crear una identidad que no se corresponde con quien es ella. Necesita sentirse cómoda con su cuerpo y ser dueña también de él».

Además de a su ojo clínico, Bowen debe gran parte de su enorme influencia al esnobismo de muchos modistos que buscan algo más que la típica cara bonita. «Hay mucho prestigio en ser diferente. Ser creativo y poco convencional es una de las formas más inmediatas de diferenciar tu marca de las demás». Especialmente en unos tiempos en los que el éxito ha dejado de crecer por las vías tradicionales y se focaliza «tanto a través de la propia identidad de la modelo como de la forma de interactuar con el mundo a través de las redes sociales».

Bowen, que ensalza el poder de la «individualidad», reconoce la existencia de «un alto nivel de competitividad» entre las marcas en términos de casting. «Todas quieren presentar su punto de vista singular, tan peculiar en el desfile como en las propias prendas». Y, por supuesto, este ramillete de bellezas nada clásicas resultan también las más sexys por lo raras que son. Por eso las chicas de Bowen viven sus mejores días sobre las pasarelas.