La Rioja

DE COLOR

Según un chiste que ha circulado estos días por el WhatsApp: «Con la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense, será la primera vez en la historia que un multimillonario se instala en una vivienda pública recién abandonada por una familia negra». Cabe añadir que también va a ser la primera vez que el papel de primera dama lo ejerza una replicante. Entre retoques, rellenos, planchazos y recauchutados varios, Melania Trump tiene ya más de biónica que de humana. Incluso en su discurso se muestra de izquierdas o de derechas según el software que se le instale. Una vez le introdujeron el microchip equivocado y habló como Michelle Obama. Mañana, por ese mismo criterio, podría comportarse como Evita Perón o cantar por Juan Gabriel a lo Isabel Pantoja, otra que en bótox roza la mayoría absoluta.

Desde que Carla Bruni dejó el Elíseo, no se había vuelto a ver tanta cosmética asociada al poder. En Bruni era evidente que se había retocado los pómulos, la boca... En Melania es casi imposible distinguir qué queda realmente de ella. En la portada de '¡Hola!' de esta semana yo le veo incluso cierto aire a su marido. No voy a decir eso de que los perros acaban pareciéndose a sus amos por huir de la vulgaridad (y de la obviedad). Pero ese flequillo desmayado, en este caso partido en dos, esos ojos (uno mirando a Cuenca y otro a Teruel) y esos morritos como de niño enfadado a punto de hacer pucheros remiten inevitablemente a su Donald.

Por no hablar del bronceado zanahoria, una demostración palpable de que, en lo tocante a rayos UVA y cremas solares, Melania comparte gustos con su marido... Además de con Gianluca Vacchi. De hecho, no me extrañaría nada que una vez pongan un pie en el Despacho Oval (ese lugar de perdición) los Trump sientan el impulso irresistible de autograbarse un vídeo bailando, quizá con el inquietante adolescente Barron al fondo mirándoles con cara de asco... Ríos de tinta han corrido sobre el color de piel de la pareja presidencial que deja la Casa Blanca. Que sí, es negra. Pero lo que no se ha dicho es que la que llega también es de color. De color naranja. Un matrimonio probablemente tóxico porque lleva colorantes. Y lo que es peor: demasiados conservantes.