La Rioja

Sigue la maldición de los Gucci

Patricia Gucci, de niña, junto a sus padres, ha escrito largo y tendido sobre las cuitas de la famosa familia. :: R. c.
Patricia Gucci, de niña, junto a sus padres, ha escrito largo y tendido sobre las cuitas de la famosa familia. :: R. c.
  • Patricia, hija del expresidente de la lujosa firma, revela en un libro traiciones y venganzas del poderoso clan

No hay manera de llevar la paz a la familia Gucci. La maldición se perpetúa en un clan que tradicionalmente ha resuelto sus diferencias con muy malas artes. Recurrió incluso al crimen, cuando Maurizio, por entonces cabeza de la famosa marca de moda italiana, murió en 1995 asesinado de tres balazos cuando salía de su casa. Acababa de vender su parte de la empresa a unos empresarios árabes por 17.000 millones de pesetas de la época. Todas las investigaciones apuntaron a la mafia e, incluso, a un posible complot internacional. Pero la enemiga dormía muy cerca de él. O, al menos, lo hizo durante muchos años, antes de que pusieran fin a su matrimonio. Su exmujer, Patrizia Reggiani, contrató a un delincuente de muy poca monta. Tanto, que el torpe sicario necesitó tres tiros para acabar con la vida del acaudalado empresario. La instigadora del asesinato que conmocionó a Italia fue condenada a 26 años de cárcel. En el 2013 recobró la libertad. Parecía que con su salida de la prisión los Gucci podrían llevar una vida apartada de los focos. Imposible.

Aunque lleva mucho tiempo alejado del negocio, el poderoso clan ha vuelto a la primera plana de la industria del diseño con la publicación de 'In the name of Gucci'. Patricia, fruto de la relación extramatrimonial de su padre Aldo, -uno de los tres herederos del fundador de la lujosa marca que presidió durante más de 30 años- y su secretaria, Bruna Palombo, ha destapado la caja de los truenos en unas jugosas páginas en las que desvela las traiciones y deslealtades reinantes en una familia que lo fue todo y acabó destrozada. Patricia es pródiga en chascarrillos empresariales y personales. Revela que su primo, el difunto Maurizio, era un «megalómano» que desmanteló la compañía solo por vengarse de sus familiares -«forzó a mi padre a vender su parte y a quedarse definitivamente fuera de ella», argumenta- y entregarse sin límites a la buena vida. «Cuando al final se quedó solo al mando de la firma realizó cambios por millones de dólares que se tradujeron en nada», confiesa en una entrevista a la revista 'Telva'.

La doble vida de su padre

Tampoco ahorra calificativos para su hermano Paolo, que denunció a su padre por evasión de impuestos, por lo que acabó en una cárcel de Nueva York con 81 años. Todo por la pasta. «Creo que lo peor para mi padre, más que la traición de su hijo o la posterior venta de la firma, fue la cárcel. Ver a un hombre tan poderoso reducido y humillado...», se lamenta.

A Patricia, en ningún momento le sorprendió el proceder de sus familiares más cercanos. Vivir entre algodones en una lujosa mansión de Londres no le garantizó una infancia cariñosa por parte de sus hermanos. Nunca le faltó el amor de sus padres, aunque supo que su vida no sería un camino de rosas. Lo entendió muy pronto. A los diez años. Su madre la sentó en la cama para realizarle esta confesión: «Tu padre tiene una mujer en Italia y tres hijos. No se preocupan mucho por mí y no les hizo gracia enterarse de tu existencia. Eres tan hija de tu padre como ellos, pero lo ven de otra forma. No es nada personal contigo, todo es por el dinero», la intentó tranquilizar.

Sufrió un 'shock' al descubrir que su padre estaba casado con otra mujer pero, al mismo tiempo, le «ilusionaba» pertenecer a «una familia grande. En aquella época me encontré con mis hermanos varias veces. Lo pasamos bien y nunca pensé que pasaría lo que pasó», reconoce. Vaya que si pasó. A la muerte de su padre, en 1990, tuvo que firmar un contrato de confidencialidad que le obligaba a tener la boca bien cerrada sobre las desventuras de sus parientes. Por supuesto, no podía soltar prenda sobre el cambio de testamento realizado por su progenitor en los instantes previos a su muerte y que la convertiría en única heredera del emporio. Pero sus hermanos hilaron fino para arruinar sus sueños. «Todos somos humanos y pagamos un alto precio por nuestras acciones. Hablan por sí solas, pero no soy yo quien tiene que juzgarles. No sé por qué actuaron así», esgrime.

Antes que sus hermanos intentó jugársela Olwen, la primera mujer de Aldo, que trató de apartarla, sin éxito, de su propia madre. Pese a tantos inconvenientes, con 15 años se convirtió en la embajadora de Gucci. «Aldo creyó que yo era el futuro. Era más como él», describe emocionada. Con su padre se rio todo lo que quiso. Como cuando le daba por comprar relojes falsos de Gucci y ponérselos para ver si «la gente los distinguía. Otras veces los regalaba como si fueran auténticos. Si luego los llevaban a una tienda a reparar descubrían que eran falsos», recuerda.

Se lo pasó en grande y aprendió muchísimo junto a él. «Era inspirador ver cómo hacía malabarismos y mantenía en el aire 50.000 pelotas a la vez, pero el dinero es una maldición para todas las familias. En cuanto entra por la puerta, cambia la dinámica», remata Patricia, que quiere acabar con la maldición que persigue al clan. «Me gustaría que se hable de la familia Gucci en un tono más positivo». Por eso dice que ha escrito el libro. Bueno, por eso y porque desea «devolver» el sitio que merece su padre. «Si no hubiese sido por él, nadie de la familia estaría donde está», recalca.