La Rioja

:: Emilio Naranjo / EFE
:: Emilio Naranjo / EFE

«Me fui de casa a los 18. Yo quería estudiar, no trabajar»

JUAN CARLOS MONEDERO

- De pequeño ayudaba, junto a sus cinco hermanos, en el bar de su padre. ¿Cómo recuerda su infancia?

- Muy feliz. Veraneando en Alicante, donde una parte de la familia había emigrado; con los primeros amores; ayudando a llevar los pedidos de la tiendecita de mi padre; mucha calle con la pandilla, los tirachinas, la bicicleta...

- ¿Qué valores le transmitieron sus padres?

- Mi padre, la cultura del trabajo, del ahorro, de no gastar más de lo que uno tiene... Recuerdo que me decía: «No disfrutes de un placer momentáneo si te va a causar un mal venidero». Y mi madre, la cultura de la solidaridad, la empatía, la fraternidad...

- Su padre es miembro de Vox. Usted, cofundador de Podemos. ¿Es la oveja negra de la familia?

- Mi padre nunca tuvo inclinaciones políticas hasta que, por el bochorno de los gobiernos del PSOE, giró a la derecha. Y, con la edad, se fue explicando cosas con ese argumentario tan mentiroso: el tú no has hecho nada mal, la culpa es de los inmigrantes... Un discurso que te exonera de responsabilidad y que a la gente mayor, que se ha comido cuarenta años de dictadura, le viene muy bien porque no han tenido la oportunidad de interrogarse más allá.

- ¿Discute mucho con él de política?

- Yo me fui muy pronto de casa, con 18 años, a vivir mi vida. Y por lo tanto, no he tenido necesidad. Me fui socializando con mis amigos e iba confrontando mis ideas. Decidí romper, irme y que nadie me dictara mi futuro. Yo quería estudiar y en mi casa la alternativa era trabajar. De hecho, estuve haciendo tres años Económicas porque quería cursar algo de provecho. Pensaba que lo que a mí me gustaba, la Sociología y la Política, no me iba a dar ni para el alquiler.

- Pero al final se decantó...

- Sí, tomé la decisión unas Navidades. Estaba cansado de ser infeliz. ¡Fue terrible! La gente que no me había ayudado se consideraba con el derecho a criticarme. Pero menos mal que lo hice porque fui el primero de mi promoción, conseguí beca, pude ser profesor...

- De pequeño quemó una papelera en clase. ¿Era ya un revolucionario?

- Una monja del colegio maltrató a un chico que era gordito y torpe, lo ató con el babi, reptamos y lo desatamos. Entonces, ella montó en cólera y nos llevó al despacho de la madre superiora, que parecía la bruja de Blancanieves, encorvada, con un bastón con el que te golpeaba, y nos dijo que no íbamos a comer ni a beber. Fue entonces cuando se me ocurrió la peregrina idea de prender fuego a la papelera para poder escaparnos con la excusa de no morir.

- Vaya historia...

- Los colegios religiosos torturaban a los niños. Hay tres asignaturas pendientes en España. Una son los maltratos a los estudiantes, te golpeaban con la regla, te pateaban... ¡No sé cómo no estamos todos tarados! Las otras dos son la pederastia y los niños robados.

- Churchill decía que la política hace extraños compañeros de cama. Usted se comió el roscón con Carmen Lomana.

- Es una mujer muy pija y con un enorme corazón. Es rehén de cómo ha vivido. Su mundo no tiene nada que ver con el mío, pero procura ser honesta. La conocí porque me retó en Twitter a un debate y acepté. A la salida, después de tomar el café, había un paparazzi que al día siguiente tituló en una revista: «Lomana y el líder de Podemos, ¿quién sacó el Monedero?», una demostración de inteligencia (ironía).

- Fue compañero de pupitre de la Infanta Cristina en Ciencias Políticas. ¿Qué tal se llevaban?

- Estaba descontenta del protocolo al que le obligaba la monarquía y yo siempre pensaba que si le pesaba tanto, renunciase y viviese como todo el mundo. No lo hizo y terminó llevando a su propia familia hacia los derroteros de los Borbones.

- Es fan de Sabina. ¿Qué le cantaría a Pablo Iglesias: 'Amores que matan' o '19 días y 500 noches' por sus noches de juerga?

- Me llevo genial con él desde que nos conocemos, aunque tenemos nuestras discrepancias. Pablo tiene una audacia espectacular. Los dos nos respetamos y somos capaces de reírnos de nosotros mismos. Eso te hace tener una amistad sólida.

- «La política y la verdad son incompatibles». ¿Es un mentiroso patológico?

- La política está basada en los partidos y hay que juntarse con otros que no comparten tus ideas. Tienes que renunciar a tu verdad. Y la derecha tiene pocos principios, pero para nosotros negociar con nuestra dignidad es difícil.

¿QUÉ HACE PARA SENTIRSE BIEN?

Tres cosas que nos hacen mirarnos menos el ombligo: aprender, transformar ayudando a los demás, y apostar por la belleza y la alegría.