El supervisor bancario cree que la precariedad laboral evita reducir la desigualdad

El BdE estima que la mejora del empleo ha permitido recortar las diferencias con los hogares pobres, los más perjudicados en la crisis

J. M. CAMARERO

MADRID. La recuperación que la economía viene experimentando desde el 2014 ha supuesto un alivio para la desigualdad que sufren las familias con menos recursos, al recuperar parte de los puestos de trabajo perdidos en la crisis. Pero la fragilidad de esos empleos es tal que al Banco de España se le plantean «dudas» sobre si esa precariedad puede «condicionar la evolución de la desigualdad» en el futuro.

Así lo expone el supervisor en el informe sobre 'La desigualdad de la renta, el consumo y la riqueza en España', en el que constata la posibilidad de que una «mayor parcialidad, las menores horas trabajadas y el mayor tiempo en el desempleo» pueden ser «persistentes», provocando efectos negativos entre las capas con menores recursos de toda la población.

El análisis constata que la discriminación sufrida por este colectivo muestra una reducción «más significativa» de los trabajadores precarios con los salarios más bajos. También llega a esa conclusión para las rentas brutas de los hogares, con un descenso en la desigualdad que fue «mayor» entre las familias con menores recursos. El Banco de España concluye que la recuperación económica ha servido para reducir los índices de diferencia entre hogares en cuanto a ingresos salariales y también en cuanto a rentas de toda la familia (incluidas, por ejemplo, las prestaciones y subvenciones).

Las pensiones permitieron amortiguar la caída de ingresos en las familias, según el supervisor

Precisamente en este capítulo se centra el análisis del supervisor para sostener que las pensiones públicas consiguieron atenuar el impacto de la crisis entre las familias con menores recursos. Porque la desigualdad de hogares con ese tipo de ingresos se incrementó «menos de lo que lo hicieron los salarios» de los trabajadores, al contar con unas rentas por pensiones que «evolucionaron de forma más favorable» en la crisis que otro tipo de familias. También indica que la propia desigualdad provocó cambios en los hogares para «contrarrestar» los efectos de la recesión, como la caída de la fecundidad, el aumento de la emigración, el retraso en la emancipación y hasta una «cierta reagrupación» entre las familias.

La riqueza de cada hogar también se ha visto afectada por la crisis. En el 2008, un 10% de la población con mayores recursos acumulaba un 44% de la riqueza neta total de los hogares; mientras que en el 2014 ese porcentaje subió hasta el 53% del total.

El supervisor también achaca estas diferencias entre españoles más acentuadas en la crisis económica por el tipo de patrimonio que tiene, de media, cada colectivo. Así, las familias menos adineradas suelen tener la mayor parte de sus activos en bienes inmobiliarios (pisos, casas, etc.), cuyo valor se vio muy perjudicado en los años de la recesión. Mientras, los más pudientes suelen tener en cartera otro tipo de productos, como fondos de inversión, acciones bursátiles y planes de pensiones, cuyo comportamiento fue mucho mejor que el del mercado inmobiliario entre el 2008 y el 2014, los peores años de la economía.

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