Santander propone un ajuste de 1.580 empleos por la integración del Popular

La medida, que afecta a los servicios centrales, también plantea la recolocación de otros 580 trabajadores y es rechazada por sindicatos

D. VALERA

madrid. Desde que el pasado 7 de junio el Banco Santander comprara el Popular por la simbólica cifra de un euro, se esperaba que la integración culminara con un ajuste de plantilla. Una reestructuración que la entidad presidida por Ana Botín planteó ayer a los sindicatos y que incluye un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectará a 1.580 empleados, todos ellos de los servicios centrales del grupo. Un departamento que suma una plantilla de unas 6.000 personas entre ambos bancos. Además, el plan incluye la recolocación de otros 580 trabajadores, la mayoría del área de tecnología e informática del Popular, una sección que en el Santander ya está externalizada desde hace varios años, según fuentes sindicales. De esta forma, el total de afectados de una u otra forma por el ajuste supera los 2.100 empleados.

La idea de la empresa es que esta primera fase de reestructuración, que es producto de la integración del Popular, esté lista antes de finales del año. Sin embargo, desde CC OO consideran «excesivo» ese recorte, por lo que a partir de la próxima semana -en concreto el 16 de noviembre- se abre un proceso de negociación en el que se irán fijando los detalles del ERE. De hecho, será clave conocer las condiciones de despido que ofrezca el grupo.

Desde CC OO destacaron que su objetivo es reducir al máximo las pérdidas de empleo y que las salidas que finalmente se produzcan sean mediante prejubilaciones o bajas incentivadas. Asimismo, han trasladado a la empresa su apuesta por medidas de flexibilidad interna y por elevar el número de trabajadores que puedan ser recolocados. Unas peticiones que la entidad financiera estudiará. En este sentido, la semana pasada Santander aseguró que haría un «esfuerzo» para que las salidas se produzcan «en buenas condiciones».

Según explicó entonces el banco -ayer guardó silencio al considerar que el ERE no está cerrado- actuará bajo el criterio de «meritocracia» y afirmó que la idea era «aprovechar el mejor talento de ambas entidades». Así, se comprometió a buscar el acuerdo con los representantes de los trabajadores y rentabilizar al máximo «la movilidad interna hacia otras unidades del grupo».

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Una vez completado el ajuste del área tecnológica le llegará el turno a las sucursales. Esa reestructuración se producirá a lo largo de 2019, fecha en la que la compañía prevé realizar la integración de esa parte del negocio y que incluirá, por ejemplo, el cierre de oficinas.

De momento, los mercados reaccionaron ayer con tibieza a la propuesta del plan de ajuste. De hecho, Santander retrocedió ligeramente un 0,36%. En cualquier caso, este ajuste se produce después de que el año pasado tanto Santander como Popular llevaran a cabo sendos Expedientes de Regulación de Empleo (ERE). En el caso del Santander afectó a 1.380 trabajadores e incluyó prejubilaciones. En el Popular la salida fue más numerosa y afectó a 2.592 empleados dentro de un proceso de reestructuración que finalmente no impidió que unos meses después fuese catalogado como «no viable» por el mecanismo de resolución europeo.

Precisamente, ayer, el ministro de Economía, Luis de Guindos, defendió en su intervención en la X Conferencia Internacional de Banca organizada por Santander, que la operación del Popular protegió a los depositantes y sin «comprometer un euro de dinero público».

Los resultados de Santander son positivos con un beneficio hasta septiembre de 5.077 millones, un 10% más, aunque en el tercer trimestre el beneficio atribuido disminuyó un 14% respecto al mismo periodo del curso anterior tras destinar 515 millones a cargos extraordinarios (entre ellos 300 millones por la integración del Popular).

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