La revolución energética de China

Torres eléctricas tradicionales y molinos eólicos de generación renovable conviven en un campo del interior de China. :: irena
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Torres eléctricas tradicionales y molinos eólicos de generación renovable conviven en un campo del interior de China. :: irena

El país que más contamina apuesta sin fisuras por las energías renovables para lograr un crecimiento más sostenible

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

China tiene que dar respuesta a una pregunta de implicaciones globales: ¿cómo puede mantener su robusto crecimiento económico a la vez que reduce las emisiones contaminantes que enferman a su población? Parece que las energías renovables son el único elemento que servirá para cumplir con ambos preceptos, y es evidente que el Gobierno comunista está cada vez más comprometido.

No en vano, a principios del año pasado Pekín anunció inversiones por valor de 360.000 millones de dólares (294.110 millones de euros) en fuentes limpias de energía hasta 2020, y en la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular celebrada en marzo sus líderes se reafirmaron en su compromiso. Supera la suma de lo que invertirán EE UU y la UE hasta entonces, y la cuantía se dispara a los tres billones de dólares cuando el plazo se amplía hasta dentro de 25 años.

No son números huecos. Los resultados del gigantesco plan energético chino ya se están sintiendo: ha comenzado el cierre de las 151 plantas energéticas de carbón que echarán la persiana en los próximos tres años -con una producción combinada de 360 gigavatios-, y se ha comenzado a modernizar otras tantas para mejorar su productividad y reducir su impacto medioambiental gracias a las nuevas tecnologías. De momento, la combinación de medidas ha logrado reducir considerablemente los niveles de contaminación en las principales ciudades chinas, aunque todavía son extremadamente elevados.

A pesar de que China es ya el país más contaminante del planeta, instituciones como el Banco Mundial aplauden su trayectoria. Porque entre 1980 y 2010 su economía se multiplicó por 18, pero su consumo energético solo se quintuplicó. Eso supone que el país logró reducir en un 70% la intensidad energética por cada unidad de PIB. Otras grandes potencias, como EE UU, están muy lejos de hitos así. Por si fuese poco, en el 13º Plan Quinquenal el Partido Comunista se planteó reducir esa intensidad energética en otro 15% adicional entre 2016 y 2020. Incluso el primer ministro, Li Keqiang, anunció en marzo que solo este año se reducirá ya en un 3%.

Según estimaciones del Bloomberg New Energy Finance (BNEF), en 2026 más de la mitad de la capacidad instalada de China será ya de emisiones cero: nuclear, biomasa, solar, eólica e hidroeléctrica. Y en 2040 el porcentaje aumentará al 63%, el doble del actual. Eso, sumado a una mejora en la eficiencia energética, debería permitir a China seguir incrementando su uso de energía hasta el 28% mundial -cinco puntos más que en la actualidad-, al tiempo que reduce las emisiones nocivas a la atmósfera.

«Durante los últimos tres ejercicios las emisiones de CO2 se han mantenido estables a nivel global. La principal razón de que se haya logrado está en lo que China ha estado haciendo estos años. Se ha convertido en el mayor productor y consumidor de energías renovables del mundo, mientras que su consumo de carbón cayó en 2015 y 2016», comentó en declaraciones al diario 'China Daily' el economista jefe del Grupo BP, Spencer Dale. «El Gobierno chino está alentando el desarrollo de energías limpias, y el potencial del mercado es enorme», añadió Xie Jian, presidente de JA Solar.

Mayor competencia local

Incluso la Cámara de Comercio Europea en China, que cada año publica un informe muy crítico con las insuficientes reformas económicas llevadas a cabo por el Ejecutivo de Pekín, reconoce que el de las nuevas energías es uno de los pocos campos en los que las empresas extranjeras todavía pueden hacer buenos negocios. Pero también señalan que la competencia local cada vez es mayor. Buen ejemplo de ello es el sector de la fabricación de aerogeneradores: hace una década apenas había un puñado de empresas compitiendo por el mercado y todas eran foráneas; ahora, sin embargo, las compañías en liza se cuentan por decenas y las locales se adjudican multitud de contratos.

El gigante asiático también lidera el sector solar, que es la energía limpia que más crece en el mundo. De los 98 gigavatios generados por esta energía en 2017, cifra mayor a la suma neta del resto de renovables, la fósil y la nuclear, China aportó 53 con 70.600 millones de euros invertidos, el 58% del total.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), que reconoce haber infravalorado el peso de esa renovable, prevé que continúe en su senda ascendente hasta 2022 gracias a las medidas tomadas en China, que cuenta con casi el 50% de todos los paneles solares instalados en el mundo. «Las renovables terminarán siendo más baratas que los combustibles fósiles en el próximo lustro», prevé el responsable de Energías Renovables en la AIE, Paolo Frankl.

Pekín está volcada en la explotación de todo tipo de energías limpias, incluidas algunas menos convencionales. La geotermal es una. El Gobierno pretende que produzca el equivalente a 70 millones de toneladas de carbón en 2020, de las que 40 millones se usarían para calefacción. Al fin y al cabo, el uso de calderas de carbón en las ciudades del norte del país es una de las principales fuentes de contaminación.

De forma adicional, Li avanzó que este año China acompañará sus ambiciosos planes en energías renovables con la reforestación de 6,67 millones de hectáreas de bosque. «Debemos sumar todas nuestras fuerzas para construir una China bella en la que el cielo sea azul, la tierra verde, y el agua cristalina», sentenció el primer ministro.

294.110 millones de euros (360.000 millones de dólares) suman las inversiones anunciadas por China hasta 2020 en el desarrollo de instalaciones de fuentes renovables de energía. Supera el montante que EE UU y la UE emplearán en los mismos objetivos en idéntico período y, además, el Gran Dragón asiático prevé llegar a los tres billones de dólares en 25 años.

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