EN PENSIONES NADIE JUEGA CONTRA SU PROPIA VIDA

La ministra se ha descolgado esta semana con una medida extemporánea. Báñez anunció una propuesta para que aquellas personas con más de 38 años cotizados y 67 de edad pudieran elegir para el cómputo de su pensión los «mejores» años de cotización de su vida laboral.

Lo primero que me vino a la cabeza al oírlo fue ese grupo de población que se ha jubilado entre 2011 y 2018 y que se ha visto afectado por los recortes acometidos -por los gobiernos socialistas primero y populares después- aduciendo la incapacidad de financiación, como así es, de la Seguridad Social. ¿A cuenta de qué este repentino cambio de reglas? Incertidumbre y desigualdad de trato a los iguales es lo último que necesita nuestro sistema público de pensiones.

La ministra hacía este anuncio refiriéndose a las ventajas que, a priori, tendría para aquellas personas en el umbral de los 63 años, desempleadas o con salarios muy bajos, y que hubieran disfrutado de salarios mayores al comienzo o a la mitad de su vida laboral. Ahora bien, ¿realmente cree la ministra que serían muchas las personas mayores con dificultades para llegar a fin de mes que retrasarían cinco años el ingreso de una pensión para terminar recibiendo un 5% más?

En el mejor de los escenarios, un parado de larga duración, de 63 años, sin subsidio de desempleo, con más de 38 años cotizados y altas contribuciones en al menos 25 años de su vida laboral, podría obtener un 25% más de pensión con la fórmula propuesta por Báñez. Sin embargo, el factor de actualización actuarial hace que cada año de espera suponga una merma del 4% en esa pensión, un 20% entre los 63 y los 67 años, edad en la que se jubilaría.

Con lo que, en definitiva, la disyuntiva sería: cumplir los 63 años en las condiciones anteriormente descritas y esperar cinco años más con 0 euros de pensión y una elevada probabilidad de muerte o cumplir los 63 años en las condiciones anteriormente descritas y aceptar ya una pensión un 5% menor de la que me correspondería a los 67 años y una elevada probabilidad de muerte. Está demostrado que nadie juega contra su propia vida, con lo que, racionalmente, todo el mundo elegiría la segunda opción.

Del resto de casos hay poco que decir, porque la medida no afectaría a todos aquellos que hubieran cotizado por la base máxima o que su media de bases máximas estuviera por encima de la pensión máxima.

Báñez ha ofrecido esta semana a los jubilados una ilusión monetaria.

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