Macron marca el paso para reinventar el euro

Emmanuel Macron junto a Jean-Cluade Juncker. :: afp/
Emmanuel Macron junto a Jean-Cluade Juncker. :: afp

Como avanzó Juncker en septiembre, la Comisión pedirá el día 6 crear un FMI en la UE y elegir un superministro económico

ADOLFO LORENTE

bruselas. El verbo es proponer. Quizá también plantear, querer, anhelar, instar... Y siempre, siempre, conjugándolo en condicional. En la UE, el imperativo sólo se conjuga en alemán y Alemania, ahora, está para pocas bromas. Nada que ver con Emmanuel Macron, el presidente de la mayoría absoluta, un europeísta convencido y convincente que surgió de la nada para devolver la sonrisa a Europa. Es la rueda a seguir y Bruselas, sabedora de que «hay que aprovechar los vientos de cola», propondrá este miércoles, día 6, un salto adelante de enorme calado para rediseñar la Unión Económica y Monetaria (UEM) tanto en lo político como en lo institucional impulsando la creación de un FMI europeo o la figura de un superministro económico que tenga poder para hacer y deshacer. Sí, propondrá, porque así como el papel lo aguanta todo, Berlín y Angela Merkel, no.

Semana clave. Mañana, los ministros de Finanzas del euro (Eurogrupo) se reunirán en Bruselas para elegir a su próximo presidente para los próximos dos años y medio. El martes, lo hará el Ecofin (los 28 ministros de la UE) y el miércoles, le tocará el turno al Colegio de Comisarios, que pondrá negro sobre blanco la propuesta que su presidente, Jean-Claude Juncker, ya esbozó a mediados de septiembre en su discurso anual sobre el Estado de la Unión y que supuso la continuación del libro blanco presentado el pasado 31 de mayo por los comisarios Valdis Dombrovskis y Pierre Moscovici.

Bruselas sabe que el momento es clave, de ahí que Juncker haya hecho suya la metáfora del viento de cola en las velas. «Por primera vez en mucho tiempo se trata de arreglar la casa sin tener que hacerlo entre llamas. Es verdad que Alemania parece reacia, pero también lo era en su día a la unión bancaria y ya tenemos dos de los tres pilares, algo que en su día jamás se podía imaginar», confiesa un alto cargo comunitario.

Levantar el tercer y último pilar de la unión bancaria: un fondo europeo de garantía de depósitos Bruselas quiere que el futuro superministro sea «una Mogherini pero en lo relativo a la economía»

Este, de hecho, es el gran objetivo a corto plazo. Además de crear, se trata de acabar lo ya empezado y, aquí, la unión bancaria es esencial, quizá vital. Tras la creación del mecanismo único de supervisión y el mecanismo único de resolución (cuyo 'backstop' definitivo aún debe concretarse), falta por levantar el fondo de garantía de depósitos con sello europeo. Dicho de otro modo, que esos primeros 100.000 euros de los ahorradores que en España están garantizados lo sigan estando pero por la UE, no sólo por el Estado miembro de turno. El problema, como casi siempre, es Alemania y el grupo de países como Holanda que comparte sus postulados. Su mensaje es claro: sólo se compartirán más riesgos cuando los riesgos en determinados países disminuyan. Riesgos, por ejemplo, como el elevado volumen de deuda soberana que tiene la banca de países como Italia y, ojo, España.

Nuevo rol del MEDE

Respecto a las nuevas ideas, está por decidir cómo será el futuro Fondo Monetario Europeo (FME). Porque haberlo, lo habrá, y esto es algo en lo que todos comulgan. Más que nacer será una reconversión del actual Mecanismo Europeo de Estabilidad (se trata del fondo de rescate europeo, también conocido como MEDE) para incorporarlo en los Tratados y conferirle un mayor protagonismo en futuras crisis inyectando capital cuando sea necesario, a cambio, eso sí, de reformas estructurales. Más o menos lo que ha venido sucediendo hasta la fecha pero haciendo todo de una forma más ordenada y con una mayor capacidad tanto financiera como ejecutiva, quizá con un nuevo mandato de supervisión.

Y es que es uno de los anhelos de Berlín, que la vigilancia del Pacto de Estabilidad y Crecimiento deja de recaer en la Comisión para que lo haga en un órgano supuestamente independiente que depende de las capitales y no de Bruselas. Este será uno de los grandes caballos de batalla de los próximos meses: dar contenido a las nuevas figuras que se crearán.

Sucederá lo mismo con el superministro de Finanzas de la UE, «que tendrá rango de vicepresidente de la Comisión y será además presidente del Eurogrupo». «Algo así como una Federica Mogherini económica», explican estas mismas fuentes (Mogherini es la alta representante para la Política Exterior de la UE).

La idea del Ejecutivo comunitario es que sea una suerte de vigía del estado de las economías del club y pueda tomar decisiones de calado en lo referido, por ejemplo, a los desfases presupuestarios. ¿Quién será? Es uno de los puestos más golosos y que seguro querrá Macron. De hecho, quizá ahora se entienda mejor por qué no ha querido competir por la presidencia del Eurogrupo que se elegirá mañana (su formato es caduco). Unión bancaria, FMI europeo, superministro de Finanzas de la UE y, por último, la creación de una línea presupuestaria habilitada para la Eurozona dentro del presupuesto para la UE (no uno propio) que sirva como una suerte de salvavidas para afrontar lo que en la jerga se denomina 'shocks asimétricos' en determinados países. De nuevo vuelven las mismas dudas: ¿de cuánto dinero estamos hablando? Esto, como todo, no lo decidirá la Comisión, sino los Estados miembros, que son los que ponen el dinero. En efecto, Alemania.

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