Las grandes potencias echan el freno a Juncker y piden calma para ampliar el euro

El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, informó el miércoles a la Eurocámara de sus prioridades para la Unión. :: m. cugnot / EFE
El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, informó el miércoles a la Eurocámara de sus prioridades para la Unión. :: m. cugnot / EFE

Alemania, Francia, Italia y España presentarán en noviembre un guión en paralelo a la Comisión, que ansía ver a los 27 con la misma moneda

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Una fecha: 24 de septiembre de 2017. Un país: Alemania. Un nombre: Angela Merkel. Y al final un futuro común por decidir: la Eurozona. Tictac, tictac... Ya queda menos para que la gran canciller logre, salvo un cataclismo político, su cuarto mandato consecutivo. Ella y su perro de presa, Wolfgang Schauble, decidirán el qué, el cómo y el cuándo. «Van a pasar cosas, van a ir un paso más allá», barrunta un alto cargo del Eurogrupo. «A principios de octubre tendremos a los dos Estados más importantes del euro con un nueva mayoría y la posibilidad de empujar la integración», insistió ayer el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire. Comienza una fiesta a la que también están citados Italia y España para trazar «en noviembre» una hoja de ruta similar, aunque paralela, a la de Bruselas. Así lo desvelaron estas fuentes.

Ayer tocaba Tallín, la capital de Estonia, que ocupa este semestre la presidencia de la UE. Por la mañana se reunieron los titulares del Eurogrupo (19) y en la tarde los 28 de la UE (Ecofin). Como casi siempre, corrillos y 'canutazos' a los medios dieron mucho más de sí que la propia reunión, que fue casi protocolaria una vez que el 'guadiana' griego ha vuelto a desaparecer... Por ahora.

El debate está servido. El gran eje francoalemán quiere tomar el mando de la UE, pero el miércoles, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker les mandó un recadito en su discurso durante el debate sobre el estado de la Unión. La futura UE a 27 que nacerá tras el 'brexit' no será a varias velocidades. O todos al 'tran tran' o esprintando, pero a la vez y tomando como ejes vertebradores el espacio Schengen y el euro. Para ello, pidió incluso agilizar los mecanismos de acceso, estableciendo modelos de ayuda y financiación.

Ahora la Eurozona está formada por 19 de los 28. Y de esos nueve países que siguen con su moneda propia, sólo Reino Unido y Dinamarca tienen una cláusula de exclusión ('opting out'). Los otros siete (Bulgaria, Polonia, República Checa, Rumanía, Croacia, Hungría y Suecia) sí estarían obligados a aceptar el euro.

Juncker marcó el terreno pero, ayer mismo, los grandes ministros del euro comenzaron a pararle los pies. Eso sí, por ahora poco a poco y con calma. «No podemos olvidar lo que pasó en Grecia», lanzó el alemán Schauble para recordar lo «problemático» que puede resultar para la Unión Económica y Monetaria que los países candidatos no cumplan con todos los requisitos. «El proceso debe ser gradual», remarcó el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. Una línea también mantenida por el español Luis de Guindos, quien recordó que «el euro es la moneda del conjunto de la UE».

Lo que sí advirtió De Guindos es que el «marco institucional debe ser mejorado» para estar sometido, por ejemplo, a un mayor control democrático. ¿Cómo? Este será el gran debate de los próximos meses.

Comienza el baile de sillas

Por un lado, se da casi por hecha la creación de un FMI a la europea que nacería del llamado MEDE, el fondo de rescate. ¿Qué competencias tendrá? ¿Incluirá capacidad presupuestaria propia para ayudar a los países a afrontar futuras adversidades? «Lo prioritario es crear un instrumento de estabilización fiscal», apuntan fuentes del Ministerio de Economía, que también ven con buenos ojos la apuesta de Juncker para que haya un superministro de Finanzas europeo, que a la vez sea comisario y presida el Eurogrupo.

Salvo sorpresa, la figura se creará. La duda es saber cuándo y para qué. «Lo importante será conocer qué competencias tiene», recordó Schauble. El baile de sillas ya ha comenzado. El polémico Dijsselbloem anunció ayer que agotará su mandato aunque ya no fuera ministro de Holanda -puede que deje de serlo en semanas-. Es una situación extraña pues en teoría no podría serlo, aunque la idea es que haga de puente hasta resolver qué hacer y que el MEDE pague su nómina.

¿Y quién le sustituirá más adelante? El recién llegado y mano derecha de Macron, Le Maire, es el favorito, aunque si se acelera la creación del superministro a enero de 2018, algo improbable, el mejor colocado sería el hoy comisario del ramo y también francés, Pierre Moscovici, al cumplir con los requisitos, como él mismo se encargó de subrayar ayer ante los medios. Le encantaría.

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