EL FOCO DEBE SEGUIR EN EL EMPLEO

ANTONIO GARAMENDI - PRESIDENTE DE CEPYME

El nuevo año se ha abierto con dos buenas noticias en el ámbito laboral. El acuerdo firmado el pasado diciembre por el Gobierno y las organizaciones empresariales y sindicales para aumentar progresivamente el Salario Mínimo Interprofesional, de manera que se sitúe en catorce pagas de 850 euros en el 2020, y los últimos datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), que cifran en 611.146 las personas que se han incorporado al mercado de trabajo en 2017.

Ahora los agentes sociales afrontamos la negociación que podría desembocar en la firma del IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva. Arranca desde la razonable satisfacción de lo conseguido por el III AENC 2015-2017, como ha demostrado la creación del empleo registrada en ese trienio, y también con la responsabilidad de saber que queda trabajo por hacer para incrementar el nivel de empleo y su calidad.

Los AENC, no lo olvidemos, deben contribuir al aumento de la actividad económica y del empleo, por más que sean las recomendaciones salariales las protagonistas del debate público. Pero, por encima de ese marco de referencia, el foco debe seguir puesto en el empleo atendiendo a cuestiones relevantes para que las empresas, que son las que lo crean, puedan ser productivas, competitivas y rentables, y con ello generar riqueza y bienestar.

La negociación colectiva que ha sido clave durante la crisis para atenuar sus peores efectos, y después, para facilitar la recuperación, no se ha parado en ningún momento con 5.000 mesas abiertas permanentemente acordando y firmando cientos de convenios que protegen a miles de empresas y cientos de miles de trabajadores.

Pero esas mesas necesitan, en mi opinión, negociar y acordar sobre otras materias diferentes a las cuestiones clásicas. Me refiero a las nuevas formas de trabajo, a la estabilidad en el empleo y la flexibilidad, a las modalidades de contratación o al absentismo injustificado, entre otras. De ellas van a depender en gran medida las posibilidades de adaptación de las empresas a las nuevas exigencias que imponen la globalización y la digitalización, a fin de mejorar la productividad y la competitividad.

Son las empresas las responsables del 90% de los empleos creados tras la crisis, y concretamente las pymes del 75%. Que puedan seguir generando puestos de trabajo y elevando su calidad exige también que se tengan en cuenta sus problemas y necesidades, es decir que se las cuide, empezando por este acuerdo.

Para que el foco del acuerdo se sitúe en el empleo y su calidad debe favorecerse el acceso al mercado de trabajo, la transformación de contratos temporales en fijos, la contratación indefinida, el mantenimiento del empleo, la igualdad de oportunidades y, además, prestar especial atención a los jóvenes e impulsar su contratación, la formación -imprescindible para la productividad, la competitividad y la mejora de los niveles de renta- y la promoción profesional, al objeto de conseguir que consoliden una vida laboral satisfactoria y nadie quede al margen del crecimiento del empleo.

En definitiva, el nuevo marco de referencia para la negociación colectiva que debe ser el IV AENC no debe terminarse en una recomendación salarial puramente numérica. Debe ser un instrumento eficaz para consolidar e impulsar la recuperación económica y también para elevar la competitividad global del país. Lo contrario supondrá una oportunidad perdida.

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