La Eurozona cruza los dedos ante la parálisis alemana

La canciller alemana, Angela Merkel, junto al presidente francés, Emmanuel Macron, en un encuentro en agosto. :: Charles Platiau / reuters
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La canciller alemana, Angela Merkel, junto al presidente francés, Emmanuel Macron, en un encuentro en agosto. :: Charles Platiau / reuters

Bruselas admite que la crisis de Merkel les ha pillado con el pie cambiado en un momento clave para relanzar la Unión

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL

bruselas. «Hay que ser sinceros y admitir que no nos lo esperábamos. Ahora sólo queda aguardar y ver qué sucede, aún seguimos confiando en que al final se imponga la razón alemana en un momento clave para el diseño del futuro económico de la UE». Esa maldita sensación de incertidumbre amaga con hacerse hueco a codazos. Así lo admite un alto funcionario comunitario en declaraciones a este periódico, que no oculta la «preocupación» que existe en Bruselas después de que la gran canciller, Angela Merkel, fracasase en su intento de alcanzar un acuerdo de gobierno con los liberales y Los Verdes para formar la llamada 'coalición Jamaica'. Para muchos analistas, estamos ante la crisis más grave que sufre el país desde la II Guerra Mundial. Casi nada.

La noticia saltó por sorpresa hace una semana y el 'boom' pudo escucharse en París, Roma o Madrid cuando Merkel advirtió de que prefería otras elecciones que gobernar en minoría. ¿Otros comicios? ¿Se acuerdan del año perdido de la España en funciones o los 208 días que le acaba de costar a Holanda formar gobierno? La canciller se humaniza y le toca sufrir. Ya no vale sólo con mandar.

Pero lo que para muchos es incluso saludable no deja de ser un problema de inciertas proporciones. Como en todo, hay unos menos prescindibles que otros y aquí, los catarros germanos son neumonías para el conjunto de una Eurozona que había comenzado a sonreír. No hay Macron ni París que valga. Sin Merkel ni Berlín no hay nada que hacer. Toca esperar y cruzar los dedos.

LA CLAVE La Comisión quiere tener diseñados para junio de 2018 el FMI europeo o el superministro de Finanzas

Las alarmas han saltado en el momento menos oportuno. El 'timing' es la clave de todo, mucho más que el hecho de que Alemania viva unos cuantos meses con Angela Merkel en funciones. El 15 de diciembre, sin ir más lejos, el presidente del Consejo, Donald Tusk, ha convocado una Eurocumbre (jefes de Estado y de Gobierno de los 19 del euro) para debatir a pecho descubierto el futuro institucional de la Unión Económica y Monetaria que deberá estar definida a mediados de 2018, la gran meta.

Aunque las reglas dicen una cosa, convocar una Eurocumbre es un hecho realmente insólito que no se vivía desde los momentos más críticos de la Gran Recesión, hace ya más de un lustro. Entonces, los jefes se reunirían para apagar fuegos. Ahora, para diseñar un sistema antiincendios mucho más fiable y ambicioso con la finalización de la Unión Bancaria o la creación de un superministro de Finanzas que también haga las veces de presidente del Eurogrupo.

Es tal la relevancia de la cumbre que el miércoles, ante las muchas voces que advertían de lo descafeinado de la cita por la incomparecencia alemana, Tusk se vio obligado a enviar un mensaje a través de Twitter advirtiendo de que todo seguía en pie buscando lanzar un alegato de optimismo y ambición al estilo del 'nada ni nadie nos parará'. Pero el voluntarismo de Tusk no oculta que con Berlín en coma, no hay nada que hacer.

«El golpe ha sido sobre todo moral», confiesan fuentes del Eurogrupo. El club de los 19 lleva casi un año al ralentí por unas citas electorales que pudieron poner en peligro la propia existencia del euro. La clave fue marzo y entonces, el populismo perdió su órdago en Francia y Holanda. No sólo eso. Emergió un tal Emmanuel Macron, que no llega a los 40 años y que se ha abrazado a la bandera europea para lograr una mayoría absoluta histórica en Francia. Además, su sintonía con Merkel es más que evidente. Todo salía a pedir de boca y en Bruselas corrían ríos de champán.

Eso sí, en la práctica nada avanzaba. «Hay que esperar a las elecciones alemanas y luego todo irá muy rápido», coincidían en señalar ministros como el español, Luis de Guindos. Y es que los comicios germanos eran apostar a caballo ganador. La duda era saber si Merkel ganaría con mayoría absoluta o sólo con los liberales o Los Verdes. Pero no. Los números no dan y ha tenido que buscar una coalición a tres bandas con ambos partidos. De momento, ha fracasado. Y es que mezclar agua y aceite nunca suele ser una buena idea.

El entorno de la canciller se ha dado «tres semanas» para intentar deshacer el entuerto. O bien resucitan las negociaciones 'jamaicanas' o bien se intenta convencer a los socialdemócratas para reeditar una gran coalición que sería el sueño europeo. No hay que olvidar que su líder es Martin Schulz, un europeísta convencido que ha pasado un lustro como presidente del Parlamento Europeo y que tiene una gran relación con el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero el SPD es consciente de que o se despega de Merkel o jamás volverá a liderar el país.

¿Por qué la gran coalición sería la mejor opción para el futuro del euro? Porque Schulz es un ferviente defensor de todo lo que la Comisión quiere proponer, como acabar la Unión Bancaria con un fondo de garantía de depósitos común; fomentar la integración del euro con un superministro de Finanzas europeo o crear un FMI europeo. Por contra, los liberales con los que está negociando Merkel no quieren esto ni en pintura. Por si acaso, crucen los dedos.

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