La espina de la productividad china

Un operario chino trabaja en una fábrica de componentes de automoción en Tianjin (China). :: efe

Los trabajadores del Gran Dragón están muchas horas en el puesto pero no les cunde

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

El imaginario colectivo occidental atribuye al trabajador chino la capacidad para hacer jornadas infinitas cobrando un sueldo mísero. Y algo de cierto hay. Pero como sucede con los tópicos, ha quedado desfasada y es una hipérbole de la realidad. Por un lado, los salarios han crecido por encima del 10% anual en los últimos 20 años; por otro, la productividad se ha estancado y se ha convertido en un problema que comienza a preocupar.

Según la consultora McKenzie, la productividad de los trabajadores chinos está entre un 15% y un 30% por debajo de la media de la OCDE: hacen falta al menos tres trabajadores del gigante asiático para llevar a cabo la labor de uno de esas economías desarrolladas. La firma The Conference Board, por su parte, calcula que un trabajador chino produce solo el 19% de su homólogo estadounidense. El mensaje es claro: puede que pasen muchas horas en sus puestos, pero les cunde poco.

En teoría, estos datos deberían resultar positivos porque demuestran que China tiene todavía mucho potencial de mejora. Pero el progreso de los últimos años no resulta halagüeño. Según la estadística oficial del país, la productividad laboral china creció un 7,45% anual entre 1953 y 2016 -el récord se registró en diciembre de 1970, con un 15,12%-, pero la tendencia ha concluido. De hecho, en diciembre del año pasado cayó un 6,49%. Y en la industria, el crecimiento de esa variable ha sido casi nulo desde 2007.

LAS CLAVESLa productividad laboral china alcanzó su cénit en 1970 y no deja de caer: el modelo se ha agotado «Necesitas dos ingenieros para el trabajo de uno en España», apunta el jefe de una empresa industrial

Es, como apuntaba el diario 'Financial Times', una muestra de que el viejo modelo de China se ha agotado. En otro estudio, Accenture afirma que la masa de población activa del país ha tocado techo y que para continuar creciendo a nivel saludable es necesario introducir reformas e incrementar la productividad.

Sin embargo, Mikel Mendibe, gerente de la fábrica que una importante empresa industrial española tiene en Zhuhai, ve necesario hacer algunas distinciones para entender la situación. «Hay que tener cuidado con cómo calculamos la productividad. Si no se tiene en cuenta la maquinaria que se utiliza en la industria, es lógico que en Europa se hagan más piezas por operario que en China, donde los medios son más rudimentarios», apunta. «Si en la filial china tuviésemos el mismo equipamiento, las tasas en las líneas de montaje no serían muy diferentes a las que existen en España», añade.

Donde el directivo sí ve una gran brecha de productividad entre China y Occidente es en la mano de obra cualificada. «Sobre todo en los mandos medios y altos: necesitas dos ingenieros para hacer el trabajo de uno en España. El nivel de cualificación y la capacidad de gestión es inferior, lo mismo que su facultad para sacar adelante el trabajo. Pero tiene lógica: en Europa tenemos una tradición industrial de 200 años y en China apenas llega a medio siglo».

Las empresas también se enfrentan al continuo aumento de salarios, alentado por el Partido Comunista, cuya legitimidad en el poder depende de cómo incrementa el nivel de vida de la población. Muchos empresarios consideran que algunos trabajadores ya perciben sueldos que superan su valía y Mendibe lo confirma. «Nosotros tenemos dos responsables de línea que cobran unos 2.000 euros, parecido a España. Pero aquí son mucho menos capaces. Claro que en la última década el yuan se ha apreciado mucho y eso ha influido notablemente».

Los temidos robots

La solución, opina este experto, está en la temida automatización. «Es necesaria, porque mejora la calidad en procesos manuales en los que los operarios pueden cometer errores; y también porque esos trabajadores cada vez cobran más y el mercado nos exige precios más ajustados». Y pone un ejemplo que deja en evidencia el problema que acarrea esta nueva revolución: la introducción de un robot en su planta ha supuesto la destrucción de tres puestos.

El Gobierno chino es consciente del gigantesco reto que supone esta coyuntura. Solo en el acero y el carbón se esperan más de dos millones de despidos. Hasta ahora las empresas estatales, que recibieron en 2008 más de 400.000 millones de euros para combatir la crisis, se han encargado de recolocarlos, pero eso se ha traducido en una continua caída de la competitividad del sector público. Hasta el punto de que se ha acuñado el término 'compañía zombi' para referirse a las que no tienen razón de ser. Es más, en un país capitalista habrían cerrado hace tiempo.

Un problema secundario relacionado con estos 'zombis' es la escasez de recursos que provocan en el sector privado, con índices de competitividad muy superiores. Incluso los nuevos emprendedores chinos se encuentran innumerables trabas cuando tratan de hacer negocios en sectores que el Gobierno considera críticos, o que están distorsionados por los subsidios y las ayudas que reciben las empresas estatales.

Economistas de Rabobank ya han detallado posibles soluciones: incrementar la formación de los trabajadores menos cualificados, fomentar la productividad, enmendar la regulación para que promueva la innovación, e incrementar la inversión en I+D. Poco a poco Pekín las está poniendo en práctica para evitar la crisis que prevén los expertos.

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