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Burgo Viejo, espíritu joven

El director de Burgo Viejo, Luis Martínez de Azagra Garde, ante una colección de botellas históricas bajo su firma / Ernesto Pascual

La bodega alfareña fue una de las cinco de Rioja señaladas entre las veinte mejores del mundo en el 2015 por los Periodistas de Vinos

Ernesto Pascual
ERNESTO PASCUAL

Desde la experiencia y la tradición de la Cooperativa del Campo San Antonio (Cocasa), surge Bodegas Burgo Viejo, que hoy proyecta los «vinos con sabor de Alfaro» a treinta países.

Tras el cierre de la cooperativa y la conservera que emplearon a cientos de vecinos durante décadas, un grupo de familias de agricultores de la zona decidió en 1987 continuar con la bodega en las mismas instalaciones. En aquel momento, todavía con plena herencia cooperativista, esas familias trabajaban la uva, elaboraban el vino y lo enviaban a granel a otras bodegas Rioja.

En el año 2000 llegó el primer punto de inflexión que ha llevado a crecer a la bodega, manteniendo su experiencia y herencia, hasta llegar a comercializar el 80% de su producción, alrededor de 1,3 millones de botellas al año, en treinta países de todo el mundo. Hasta llegar a acumular decenas de premios y reconocimientos y ser una de las cinco bodegas de Rioja entre las veinte mejores del mundo en el año 2015 según la Asociación Internacional de Escritores y Periodistas de Vinos y Espirituosos.

En ese 2000, los socios apostaron por profesionalizar la gestión de la bodega y comenzó a comercializar sus propios vinos, enfocado inicialmente hacia la hostelería. El primer desembarco fue en el mercado nacional, pero a partir del 2008 la apuesta de Burgo Viejo fue por la exportación. «Fue una evolución hacia una bodega más profesional. A partir de ahí, recoge las uvas de viticultores de Alfaro, fundamentalmente de los dieciséis socios de la bodega en unas 200 hectáreas, y comercializa sus vinos en unos treinta países», explica Luis Martínez de Azagra, director de Burgo Viejo. Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y China son los principales destinos de sus caldos.

Con una quincena de trabajadores de media en unas instalaciones que conservan la estructura de las bodegas de la segunda mitad del siglo XX, Burgo Viejo cuenta con cuatro personas en la red comercial, dos dedicadas a la exportación. «Es el resultado de la constancia y del trabajo y de intentar hacer llegar nuestro vino de Rioja, nuestro vino de Alfaro hasta las personas que compran en los mercados exteriores, por ejemplo a través de ferias», señala.

Tres nombres abanderan sus líneas de negocio: Burgo Viejo, Palacio del Burgo y, como gran referencia, el reserva Licenciado, elaborado con tempranillo de Monte Yerga en un empaquetado especial. En el 2008, la revista Decanter lo nombró mejor vino de España. Son vinos que compiten con sabor alfareño, con sabor Rioja mediterráneo, vinos afrutados por esta zona seca y soleada, intensos. «Nuestro distintivo es que comercializamos vinos con sabor de aquí», valora Martínez de Azagra. Seguir la línea marcada, no acomodarse sino aprender de las nuevas situaciones y tendencias que surjan y contar con sus materias primas son las bases para afrontar un mercado en el que Burgo Viejo aspira a seguir innovando, como su vino ecológico.

En el presente y ante el futuro, conjuga la experiencia de su tradición con el afán de abordar los retos próximos de modernidad e internacionalización. Es la suma de lo que describen como «Burgo Viejo, espíritu joven». «Desde la dualidad de que el socio es también proveedor, queremos estar jóvenes en cuanto a estar vivos antes las necesidades del mercado pero desde viñas casi centenarias», resume.

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