Donald Trump le dobla la mano a China y amenaza también a la OMC

El presidente de EE UU, Donald Trump, en un encuentro con su homólgo chino Xi Jinping. :: afp/
El presidente de EE UU, Donald Trump, en un encuentro con su homólgo chino Xi Jinping. :: afp

El presidente de EE UU ha pedido a su gobierno que identifique productos chinos, que grava con otros 100.000 millones en aranceles

MERCEDES GALLEGO

nueva york. Donald Trump insiste: «No estamos en una guerra comercial con China». Y por una vez los expertos están de acuerdo. «Es más bien una partida de póker: Te veo y subo la apuesta», traduce el ex secretario de Comercio de George W. Bush, Carlos Gutierrez. En la última ronda de la partida entre los dos gigantes, el magnate neoyorquino, acostumbrado a jugar duro con las mafias de casinos y rascacielos, subió ayer la amenaza inicial de 50.000 millones de dólares en aranceles a 100.000 más, después de que China igualase su apuesta.

Los mercados respondieron con el pánico esperado. Al cierre de esta edición el Dow Jones caía cerca de 500 puntos, y si algo contenía a los inversores es el guiño de la administración, que entre líneas indica que nada de esto llegará a materializarse porque se alcanzará un acuerdo en los seis meses de plazo. El gobierno estadounidense ni siquiera ha dicho qué productos se verían afectados por esa nueva partida de aranceles anunciados «en respuesta a la injusta represalia de China», sino que ha pedido a la Oficina de Comercio que los identifique para cumplir la voluntad del jefe.

Gutierrez, al que le tocó negociar con China durante sus cuatro años en el cargo, contempla horrorizado la estrategia negociadora de Trump, autor de 'El Arte del Trato', que por costumbre busca iniciar las negociaciones en la posición de más fuerza posible, tras asestar un duro golpe a su combatiente y sumirle en el pánico. «Con China así no se llega a ninguna parte», observó en varias entrevistas televisivas. «A China no se la puede humillar, por eso no se negocia con ellos en público».

Trump no es un presidente como otro cualquiera, por eso le eligieron sus votantes, para romper con la diplomacia y agitar la alfombra bajo los pies del mundo. El comunicado que anunció la nueva consideración de 100.000 millones adicionales en aranceles recogía frases de sus 'tuits', pese a que alegaba ser el resultado de una «concienzuda investigación» sobre las prácticas comerciales del gigante asiático. «En lugar de remediar su conducta, China ha elegido dañar a nuestros agricultores y manufactureros», le amonestaba.

Efectos en el interior

De los 50.000 millones con los que China ha respondido al farol de Trump, el 12,5% recaería sobre los productores de la soja estadounidense, que verían a su principal cliente empezar a comprar de competidores como Argentina o Brasil. Una decena de estados rurales en el corazón de EE UU sentirían las consecuencias. Con las legislativas en puertas, Wall Street no es el único que ha entrado en pánico. Ocho de los diez estados son votantes del Partido Republicano, que teme pagar los platos rotos al perder a sus representantes en noviembre.

«Seis meses es muy poco tiempo para negociar un acuerdo», consideró Gutierrez. «Alguien va a tener que bajar las expectativas. EE UU debería acercarse a China y decirle: 'Mira, esto era un farol, lo que queremos es negociar un acuerdo justo que nos convenga a los dos'. Y China aceptaría».

Ambas partes han dado ya señales de que están dispuestas a sentarse. En el mismo comunicado la Casa Blanca indicaba que está preparada para negociar «mayor apoyo a nuestro compromiso de obtener un comercio libre, justo y recíproco que proteja nuestra tecnología y nuestra propiedad intelectual».

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