El BCE discutirá en otoño qué pasos seguir con su plan de compras

Draghi ensalza la «robusta recuperación» pero no da señales de una próxima retirada de los estímulos por la debilidad de la inflación

ADOLFO LORENTE

bruselas. La triple 'P' de Draghi dice así: «Necesitamos ser persistentes, pacientes y prudentes». Pero claro, cuando se habla de dinero, seguir esta receta supone poco menos que la cuadratura del círculo. Ayer, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) volvió a saltar al ruedo de los mercados para pedir calma y desearles un feliz verano, porque no será hasta otoño cuando comiencen a discutir cuándo debatir sobre la progresiva retirada de los estímulos ('tapering'). Así que dado que la próxima reunión es el 7 de septiembre, todavía verano, todo apunta a que las primeras pistas sobre el adiós al 'QE' o la subida de tipos podría llegar el 26 de octubre. Eso sí, que nadie espere medidas contundentes a corto plazo. El mensaje fue claro: «El BCE permanecerá en el mercado durante un largo periodo de tiempo», zanjó Draghi. Y claro, el euro se fue a máximos de 2015.

El Consejo de Gobierno se reunió en Fráncfort para mantener, «por unanimidad», los tipos de interés de referencia en el histórico 0% y la tasa de facilidad de depósito penalizada al -0,40% (los bancos deben pagar por aparcar sus reservas en la ventanilla de Fráncfort). Sin cambios en política monetaria ordinaria y sin cambios, también, en el volumen de compras de activos, que seguirá en 60.000 millones mensuales al menos hasta diciembre, cuando expira el programa QE. ¿Qué pasará a partir de enero de 2018? Este es el gran interrogante que debe debatirse en otoño.

Una extraña sensación de 'sí, pero no' se ha adueñado del BCE, que no ahorra energías en loar la efectividad de sus medidas extraordinarias pese a que la inflación sigue en coma al retroceder una décima en junio, hasta el 1,3%. «Aún es necesario un sustancial grado de acomodación de la política monetaria», explicó. En plata: la Eurozona sigue sin ser capaz de caminar por sí sola sin el BCE tirando la casa por la ventana.

Sí, pero no. Mientras la economía está experimentando una «robusta recuperación» generalizada en sectores y regiones, la inflación subyacente (la sana, la que excluye energía y alimentos) «no presenta signos convincentes de mejora». Apenas llega al 1%, cuando el objetivo del BCE es que esté por debajo pero muy cerca del 2%, unos guarismos que no se alcanzarán hasta 2019 según las propias proyecciones del BCE. «La inflación gradualmente subirá hasta el nivel de estabilidad de precios, pero aún no está ahí. No está donde queremos que esté», ahondó.

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