La CEOE ofrece una subida fija superior al 2% para los trabajadores con sueldos más bajos

El presidente de la CEOE, Juan Rosell, saluda ayer al ministro de Economía, Román Escolano. :: efe/
El presidente de la CEOE, Juan Rosell, saluda ayer al ministro de Economía, Román Escolano. :: efe

Los empresarios tachan a los sindicatos de «incoherentes» por pedir alzas superiores al 3,1% y firmar con sus empleados mejoras del 1,8% y 1,9%

LUCÍA PALACIOS MADRID.

Los tambores de guerra entre patronal y sindicatos vuelven a sonar con fuerza después de un corto periodo de tregua y los dardos vuelan de uno a otro lado. Se repiten, así, escenas muy similares a las del año pasado, cuando, después de meses de intensa negociación, a finales de julio se rompieron las conversaciones sin firmar un acuerdo salarial para 2017. Si el pasado martes fueron los sindicatos quienes recriminaron a los empresarios la «comodidad» que tienen y la cerrazón para llegar a rubricar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), ayer fue la CEOE quien respondió con duras palabras tachándoles de «incoherentes» e «inmovilistas».

«Los sindicatos demuestran una parálisis preocupante», aseguró el presidente de la patronal, Joan Rosell, durante su discurso de clausura en la Asamblea General de la CEOE. El empresario mostró su desconcierto por que UGT y CC OO no acepten la propuesta que les realizan los empresarios, que ofrecen una subida de los salarios de hasta un 2% fijo y un punto adicional ligado a factores como la productividad, el absentismo, el ebitda de las empresas, etc. Además, la patronal está dispuesta a ir más allá en los sueldos más bajos y «mejorarlos», de forma que el incremento fijo para los trabajadores peor remunerados sea superior a ese 2% y no menor al 2,5%, según fuentes de la patronal. «No queremos salarios bajos y estamos dispuestos a contribuir especialmente en los salarios más bajos», apuntó Rosell, que aseguró que no se trata ya de una «cuestión de decencia, sino de inteligencia».

Sin embargo, los sindicatos exigen que se pacte un sueldo mínimo por convenio de 1.000 euros al mes, aunque fuentes sindicales admiten que podrían aceptar que se haga de forma gradual, tal y como se ha hecho con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que se elevará en 2020 hasta los 850 euros al mes, una medida que ayer Rosell reivindicó como propia.

«Nosotros hemos sido los promotores importantes de ese incremento del SMI y costó mucho que los sindicatos aceptaran», desveló el directivo, quien hizo además hincapié en que subir los salarios más bajos no repercute en la creación de empleo, como -apuntó- así lo han confirmado estudios de la Comunidad Europea y el Banco de España. Pese a todo, el presidente de la CEOE se mostró «absolutamente convencido» de que este año sí habrá acuerdo salarial porque «aguas abajo lo piden» y, por tanto, «sería una barbaridad que aguas arriba no supiéramos leer lo que piden». Dejó claro que su propuesta va en la línea de los convenios colectivos que ya se han firmado y que afectan a más de 5 millones de trabajadores, con una subida media pactada del 1,53%, mientras que ellos ofrecen hasta un 2%. De igual manera, dijo que los sindicatos «saben que se equivocaron» al no aceptar tampoco su oferta del pasado año, cuando ofrecieron hasta un 2,5%, «mucho mejor de lo que se estaba pactando» (que se situó en el 1,43%).

Y es que, a su juicio, la oferta de los empresarios es «cien por cien coherente», y no así la de los sindicatos. Así, Rosell dijo no entender cómo UGT y CC OO piden una subida mínima salarial del 3,1% y después firman un alza del 1,8% y del 1,9% en sus respectivos convenios colectivos.

Mejorar la fiscalidad

Por otra parte, la patronal también abogó por seguir haciendo «reformas estratégicas de calado» y, fundamentalmente, «mejorar la fiscalidad». En este sentido, la petición que lanzó la CEOE al Gobierno es crear un nuevo tipo en el Impuesto sobre Sociedades «muy bajo» para las «facturaciones muy bajas», que, además, permitiría «acabar con la pecaminosa economía sumergida».

En la actualidad, el gravamen para todas las empresas es del 25% de sus beneficios, por lo que quieren rebajar este porcentaje para las compañías más pequeñas de forma que puedan despegar. Y es que, según Rosell, solo el 41% tienen bases imponibles positivas, dato que es aún «peor» cuando se pone el punto de mira en las pequeñas empresas.

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