El BCE avisa del riesgo de que la recuperación «descarrile» por el auge del proteccionismo

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, durante una intervención. :: FRANK RUMPENHORST / afp/
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, durante una intervención. :: FRANK RUMPENHORST / afp

Advierte de que si las medidas arancelarias de EE UU se incrementan tendrán un impacto negativo en el «consumo, la inversión y el empleo»

D. VALERA MADRID.

El proteccionismo es la amenaza que se cierne con más fuerza sobre el crecimiento de la economía mundial. Tanto es así que el BCE no duda en señalar que un incremento de las tensiones comerciales podría hacer «descarrilar» la recuperación en curso y la actividad a nivel global. Una advertencia que se suma a la de otros organismos como el FMI o la Comisión Europea y se produce en un momento en el que EE UU ya ha aprobado la imposición de aranceles a algunos productos como el aluminio o el acero y en el que debe decidir en las próximas semanas si esas medidas, dirigidas especialmente contra China, también se aplican a la UE. Un asunto que no es baladí, ya que el BCE estima que una escalada de estas políticas tendría efectos sobre «el consumo, la inversión y el empleo».

El estudio, elaborado por la economista Lucía Quaglietti y publicado ayer por el eurobanco, hace hincapié en los beneficios que la globalización ha conseguido en las últimas décadas. Según el documento, la mayor apertura comercial contribuyó al aumento de los niveles de vida mundiales. «Un incremento de un punto porcentual en la apertura comercial tiende a elevar el ingreso real per cápita entre un 3% y un 5% en el largo plazo», señala el informe. Asimismo, destaca que la inclusión en el comercio mundial de las economías emergentes ha permitido «reducir las tasas de pobreza».

Sin embargo, el informe reconoce que «el riesgo de un empeoramiento de las tensiones comerciales ha aumentado» en las últimas semanas por los aranceles anunciados por Estados Unidos. El BCE reconoce en el informe que las tasas aprobadas por la administración de Donald Trump (aranceles del 25% sobre el acero y del 10% sobre el aluminio) «afectan solo a una pequeña parte del comercio» a nivel mundial y, por tanto, estima que su «impacto será modesto» en la economía global. Sin embargo, el temor de la institución presidida por Mario Draghi es que las medidas proteccionistas vayan a más y se entre en una espiral de acción-reacción que pueda generar una auténtica guerra comercial.

Sin vencedores

Por tanto, el estudio advierte de que en un escenario en el cual EE UU aumente significativamente los aranceles sobre los bienes importados de sus socios comerciales y en el que estos tomen represalias simétricas en su contra (algo que China ya ha anunciado y la UE ha advertido), tendría un resultado para la economía mundial «claramente negativo». En este sentido, el informe señala que el impacto sería «particularmente severo» en los EE UU. En cualquier caso, el BCE explica que el impacto preciso en cada país de esta escalada proteccionista dependerá principalmente de su tamaño, así como de la apertura e intensidad comercial con el país que impone aranceles.

En este sentido, resalta que serían los países con las relaciones comerciales más estrechas con EE UU los más afectados. De hecho, insiste en la idea ya expuesta por el FMI de que una guerra comercial no beneficiaría a nadie ni tendría vencedores. Por eso el documento apunta que solo unas pocas economías abiertas con poca exposición a EE UU pueden sacar ventaja de los efectos de desviación del comercio.

Pero el informe analiza cómo esa guerra comercial podría acabar afectando a los hogares domésticos. Para empezar, estima que la imposición de aranceles elevaría los costes de los productos, lo que podría provocar una mayor inflación y, por tanto, reducir el poder adquisitivo de los consumidores. Además, el informe resalta que una escalada de las tensiones comerciales alimentaría la incertidumbre económica, provocando que los consumidores demoren los gastos y las empresas pospongan la inversión. Dicho de otra forma, ralentizaría un crecimiento económico que en el caso de la zona euro y de España ya se está moderando en 2018 respecto a ejercicios anteriores (en España el PIB avanzará menos de un 3% por primera vez en cuatro años).

Esta mayor incertidumbre podría provocar una reducción del crédito por parte de los bancos, al tiempo que los inversores exigirían mayores intereses por el riesgo. A más largo plazo, el estudio también señala que podría obstaculizar el crecimiento de la productividad.

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