Blesa y Aznar compartieron su primer destino en Logroño

Primer mitin de Aznar. Fue en el Polideportivo Las Gaunas. :: l.r./
Primer mitin de Aznar. Fue en el Polideportivo Las Gaunas. :: l.r.

En la capital riojana trabaron una duradera amistad

PÍO GARCÍA LOGROÑO.

La biografía de Miguel Blesa, que tan abruptamente concluyó ayer, tiene un capítulo logroñés. Y no es un capítulo menor: a orillas del Ebro, dos jóvenes inspectores de Hacienda, recién salidos del cascarón, libraron sus primeras armas profesionales. José María Aznar López (Madrid, 1953) y Miguel Blesa de la Parra (Linares, 1947) llegaron a Logroño a finales de mayo del año 1978. Ambos eran licenciados en Derecho, aunque Aznar se había graduado en la Complutense y Blesa tenía el título de la Universidad de Granada. Ambos decidieron sacarse la oposición para el Cuerpo de Inspectores de Finanzas del Estado. Aznar, según confesó en sus memorias, no tenía vocación alguna, pero quería lograr pronto un trabajo serio y bien remunerado para casarse con su novia, Ana Botella.

Tras aprobar la oposición y finalizar el obligado paso por la Escuela de Inspección Financiera, Aznar y Blesa fueron destinados a Logroño. Un Logroño preautonómico, pequeño y efervescente, aunque la política no tentaba aún a los jóvenes inspectores, que bastante tenían con buscar piso, ocupar sus puestos de trabajo y organizar sus vidas. Aznar llegó con su mujer, Ana Botella, y Blesa con la suya, María José Portela. La casualidad quiso que encontraran dos pisos libres en el mismo edificio: el número 2 de la calle San Antón, que hace esquina con la Gran Vía. Se los echaron a suertes y Aznar ganó: se quedó el que tenía mejores vistas. Los dos amigos aprovecharon su estancia en Logroño para consolidar una relación casi fraternal que se prolongó en el tiempo y que explica, en buena medida, el inopinado ascenso de Miguel Blesa al firmamento financiero.

Según Aznar, ambos comenzaron a trabajar en la Delegación de Hacienda de Logroño «en condiciones francamente rudimentarias: mesas y sillas viejas, un solo teléfono para compartir entre todos y ningún soporte mecánico e informático». Fueron, sin embargo, días felices para los dos amigos, en los que Aznar fue poco a poco envenenándose de política: tras algunos escarceos iniciales, ingresó en Alianza Popular bajo el influjo de Félix Pastor Ridruejo, Manuel Fraga y Álvaro Lapuerta.

Cuando Aznar dejó Logroño en enero de 1981, Blesa ya se había ido. Las biografías de los dos amigos se bifurcaron (de momento). Mientras José María fue escalando puestos en el organigrama del partido y en el panorama político nacional, Miguel ocupó cargos administrativos relevantes: fue secretario del gabinete técnico del Ministerio de Hacienda y jefe del servicio de Tributos de las comunidades autónomas. En 1986 se salió del sector público para montar un bufete de abogados especializado en derecho tributario.

En esas batallas estaba cuando su amigo José María se acordó de él para convertirle primero en consejero (1993) y luego en presidente (1996) de Caja Madrid. Aquello acabó como acabó.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos