Más allá de la brecha salarial

Una operaria en la cadena de montaje de la fábrica de Renault en Villamuriel (Palencia). :: bragimo/
Una operaria en la cadena de montaje de la fábrica de Renault en Villamuriel (Palencia). :: bragimo

No son solo los sueldos, sino que la mujer pierde en cualquier variable que se mida del mercado laboralSeis de cada diez parados tiene nombre femenino, mientras que los hombres ocupan 1,7 millones más de empleos

LUCÍA PALACIOS MADRID.

«Quiero que me paguen igual que a Kevin (Spacey)», reclamó la actriz estadounidense Robin Wright, coprotagonista de la famosa serie 'House of Cards'. Mismo papel, pero diferente sueldo. Y lo consiguió. No así María Ángeles Torres y Margarita Durán, dos trabajadoras del Ayuntamiento gaditano de la Línea de la Concepción, que llevan cinco años de lucha para conseguir que su salario se iguale al de sus compañeros varones. Pasaron de ser limpiadoras de las oficinas del consistorio a sepultureras. Pero, pese a tener la misma categoría profesional y estar desempeñando las mismas tareas que sus compañeros, cobran 290 euros al mes menos que ellos. Por eso, ambas han presentado una demanda a través del sindicato CSIF. El ayuntamiento se niega a pagárselo alegando que esos pluses que reciben sus compañeros provienen de una serie de complementos (peligrosidad, festivos, turnos) que se firmaron en un convenio al que ellas no tienen derecho.

Y, efectivamente, aquí, en los complementos, es donde radica gran parte de la desigualdad salarial por género, prácticamente la mitad de la brecha, según un informe de CC OO, que apunta que ellos cobran al mes 613 euros de media gracias a estos pluses mientras que ellas solo 427 euros. Si se extiende a la totalidad del salario, la brecha crece hasta suponer una media de 5.941 euros brutos al año menos.

Y parece que queda brecha para rato: si se avanza al mismo ritmo que en los últimos 50 años, la paridad salarial no se alcanzará hasta 2059, según el Institute for Women's Policy Research. El Foro Económico Mundial habla de un siglo para conseguir la igualdad de género. «La brecha de la participación laboral se ha reducido mucho pero no así la brecha salarial», reflexiona Sara de la Rica, investigadora de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que apunta a dos factores importantes: por una parte, las mujeres están en categorías ocupacionales peor pagadas que los hombres y, por otra, los complementos salariales que obtienen las mujeres son mucho menores que los de los varones.

Por sectores, hay mayoría de mujeres en servicios, precisamente el que peor paga, y a duras penas suponen una de cada cuatro trabajadores de la industria, donde los sueldos son más altos. En este sentido, la OCDE alertó recientemente a España por el fuerte sesgo que se da en los estudios científicos, tecnológicos, de ingenieros y de matemáticas (STEM): solo un 12% de los matriculados son féminas.

Y hay otra razón para la brecha salarial, según apunta Nuria Chinchilla, catedrática del IESE: «La mujer, cuando tiene que negociar, se queda más en el salario que le dicen, mientras que el hombre es más combativo y lucha por aumentarlo».

Pero es que la desigualdad no se circunscribe solo a un sueldo inferior, sino que es necesario ir más allá y comprobar que en prácticamente todos lo indicadores del mercado laboral, ellas salen perdiendo. Así, hay medio millón más de mujeres en situación de desempleo que hombres, según los datos del paro registrado relativos a enero de 2018. Así, seis de cada diez personas sin empleo son mujeres, frente a los poco más de cuatro de cada diez varones. Con la recuperación económica, desde 2013 el porcentaje de paro femenino se ha disparado siete puntos... los mismos que ha caído el masculino.

Por el contrario, hay más hombres trabajando: 10,3 millones de ocupados frente a los 8,6 millones de mujeres con un empleo, lo que representa el 45,6% del total, según las cifras arrojadas en la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al cuarto trimestre de 2017. Bien es verdad que, pese a esos casi diez puntos porcentuales de diferencia, en este caso la brecha sí que se ha reducido de manera considerable en los últimos tiempos, pues en 2007 el gap ascendía a 17,6 puntos.

La influencia de los hijos

Y es que, a diferencia de lo que ocurre entre los hombres, la población femenina activa aumenta de manera continuada, pero aún así sigue lejos de los niveles masculinos: ha crecido cuatro puntos en la última década hasta ascender al 53,3%. Por el contrario, la tasa de actividad masculina, pese a haber caído cinco puntos, se sitúa en el 64,5%. Y esta diferencia de más de diez puntos se reproduce en todos los tramos de edad, si bien es verdad que a menor edad, menor brecha.

Un factor que influye de forma negativa para las mujeres en la tasa de empleo es tener hijos (mientras que es favorable para ellos): en aquellas que no tienen descendencia, la tasa de empleo aumenta hasta el 69%, mientras que va descendiendo según aumenta el número de vástagos.

«El cuidado de los hijos es determinante para entender la brecha laboral. De los dos miembros de la pareja, ella es quien mayormente asume el tiempo adicional que los hijos requieren, y esto repercute negativamente en su proyección laboral», señala la catedrática De la Rica.

Los hechos constatan que ellas tienen unas carreras laborales más precarias e intermitentes: siete de cada diez trabajos peor remunerados (por debajo del salario mínimo) son para ellas, tres de cada cuatro jornadas a tiempo parcial lo desempeñan mujeres y solicitan nueve de cada diez permisos no retribuidos (reducciones de jornada y excedencias), lo que, evidentemente repercute en las futuras pensiones. De hecho, hay solo una jubilada por cada tres hombres (la prestación pública con mayor remuneración) pero cobra de media 6.300 euros al año menos. Todo esto se reivindicará en la huelga y paros convocados para el 8 de marzo.

«Para acercarnos hacia la equidad, es fundamental que los mercados laborales, en general, sean amables y por tanto compatibles con tener hijos, tanto para hombres como para mujeres, lo que requiere horarios laborales radicalmente diferentes, mayor flexibilidad y que se avance de verdad hacia la corresponsabilidad entre hombre y mujer en el cuidado de los hijos», sostiene De la Rica, que concluye que «si se sigue considerando como norma social que es la mujer quien debe asumir de modo principal el cuidado de los hijos, nunca alcanzaremos la equidad».

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