La Rioja

EDUCACIÓN MEDIOCRE PERO CON SOBRESALIENTES

  • Una selectividad que otorga el éxito sin un buen aprendizaje es un engaño que puede frustrar el futuro

Mucho se ha hablado de que España precisa mejorar sus resultados en el Informe PISA, que elabora la OCDE, que es la prueba más reconocida sobre educación comparando por países. Las materias evaluadas son Lectura, Matemáticas y Ciencias. Los últimos resultados muestran que Castilla y León, Madrid, Navarra, Galicia y Aragón son las regiones que mejor forman a sus alumnos, que aventajan en lo equivalente a un curso y medio a sus compañeros de Extremadura, Andalucía, Canarias, Baleares y Murcia.

Sin embargo, esta clasificación -que mide las competencias de niños de 15 años- se da la vuelta por completo cuando se trata de alumnos de segundo de Bachiller. En la Prueba de Acceso a la Universidad son precisamente los canarios los que tienen una mayor nota media (6,8 puntos), frente al 6,1 que obtienen de media las cinco comunidades líderes en el informe de PISA. También más del 20% de los estudiantes de Canarias y Extremadura saca un sobresaliente en selectividad, frente a apenas el 10% en tres de las regiones punteras en PISA. En cambio, sólo un 3,7% de los alumnos extremeños y canarios se encontraba en los niveles más altos de rendimiento en PISA, resultado que ascendía hasta el 10% en algunas de las regiones con mejor desempeño.

Estas diferencias se deben, en gran medida, a que el examen del Informe PISA es el mismo para toda España, mientras que las pruebas de la selectividad son distintas en cada comunidad autónoma. Y no sólo eso. También es diferente el temario y los profesores que corrigen, quienes aplican estándares dispares según el nivel de aprendizaje en cada territorio. Todo ello ha elevado las críticas al sistema de aquellas regiones que mejor forman a sus estudiantes, a las que imputan que al ser más exigentes restan oportunidades respecto a los alumnos de las regiones más indulgentes. Esta situación les deja en una difícil encrucijada: mantienen sus estrictos criterios de evaluación, aun a costa de que los aspirantes pierdan plazas en las universidades más cercanas a sus casas, o rebajan sus estándares para que sus alumnos compitan en igualdad de condiciones, aunque ello les suponga un aprendizaje de peor calidad.

Bajar el listón de conocimiento es una gran tentación para las comunidades que acogen más estudiantes de fuera, como el caso de Madrid, aunque implica que los ciudadanos de la región pagan impuestos para financiar unos estudios universitarios que luego aprovechan los de fuera. Por ello, debería considerarse estandarizar los exámenes de acceso a la universidad, al ser la única forma de garantizar la supervivencia de los modelos educativos que mejor funcionan. Así se evitaría que cayeran en una espiral de mediocridad y, además, se incentivaría la mejora de los que peor lo hacen, dado que no podrían compensar sus malos resultados con unas notas infladas en la selectividad. Además, un único examen nacional garantizaría la igualdad de oportunidades. Es una cuestión de coherencia. Si España no desarrolla el talento escolar, a la larga no podrá competir en la carrera del capital intelectual que necesitan las empresas que generan mayor valor añadido.

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