La Rioja

El euro entra en vía muerta en pleno 'tsunami' Trump

Jean-Claude Juncker charla con Angela Merkel en la pasada cumbre informal de la UE, en Malta. :: efe
Jean-Claude Juncker charla con Angela Merkel en la pasada cumbre informal de la UE, en Malta. :: efe
  • El pánico electoral en Holanda, Francia, Alemania y quizá Italia paralizará este año las iniciativas ecónomicas

Bruselas. Bruselas es un corrillo de dimensiones inabarcables. Políticos, diplomáticos, funcionarios, confabuladores... No se trata de oír, sino de escuchar y si es posible, a aquellos que saben de qué va la cosa. Atentos: «Que nadie espere que vaya a moverse algo este año. Hasta después de las elecciones alemanes, nada. Pero nada es nada». La reflexión o quizá mejor, la advertencia, la suscribe un alto cargo del Eurogrupo. «Nada es nada». Y no es un verso suelto, es el 'leitmotiv' del relato de la moneda única. El euro ha entrado en vía muerta y lo ha hecho, además, en pleno 'tsunami' Donald Trump, con sus asesores atacando sin piedad a Alemania y proclamando incluso el final del euro en un periodo que no va más allá de los 18 meses. Y, pese a todo, la Eurozona ha entrado en funciones atenazada por el pánico que suponen las elecciones de Holanda (marzo), Francia (mayo), Alemania (septiembre) y quizá Italia. Recuerden, «nada es nada».

La estrategia, según coinciden en señalar diversas fuentes comunitarias, se basa en aguantar el tipo, contener la respiración y cruzar los dedos para llegar vivos a 2018 con unos resultados electorales en estos cuatro países fundadores de la UE (ojo, cuatro de los seis) que permitan dar el impulso político necesario al bloque en un momento clave de su historia plagado de minas. No sólo por Trump, también por el 'Brexit' y el ataque sin piedad de los populismos.

A la Eurozona sólo le queda, al menos de momento, aferrarse a la épica de las palabras. «Si la victoria de Trump no es una alarma para despertar a Europa, no sé qué tipo de despertador necesitamos», aseguró hace unos días el todopoderoso ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schaüble. El problema es que nadie entendió muy bien a qué se refería, ya que Berlín sigue siendo el freno a las llamadas de impulsar la integración dentro de la Eurozona que muchos países o el Banco Central Europea piden desde hace tiempo.

Entre las iniciativas «clave» que están durmiendo el sueño de los justos a la espera del 'Ok' político de las grandes potencias uno destaca sobre el resto. Se trata del fondo de garantía de depósitos común a nivel europeo, lo que en la práctica supondría levantar el tercer y último pilar de la unión bancaria, el proyecto más importante desde la creación del euro y que ya tiene en funcionamiento el mecanismo único de supervisión y el de resolución. En líneas generales, el fondo de garantía supondría que esos 100.000 euros que están asegurados por ley tengan membrete europeo y no del país correspondiente. El gran obstáculo es Berlín, que no quiere compartir más riesgos hasta que los países del sur no eliminen el excesivo peso de deuda soberana que arrastran sus bancos.

Draghi, Maastrich y Roma

Sigamos. Además de la llamada unión del mercado de capitales, el proyecto que acaba de surgir con relativa fuerza es la creación de un 'banco malo' europeo como el que se creó en España a través de la Sareb. La Autoridad Bancaria Europea ya ha lanzando la idea de constituir una entidad a la que traspasar 250.000 millones de activos dudosos. No son cantos de sirena. Fue decirlo y casi de inmediato, el BCE y la Comisión abrazaron la propuesta. Los préstamos fallidos es el gran problema del sector a nivel de la UE, donde se acumulan un billón de euros, según el FMI.

La idea es crear un mercado inversor paralelo para estos activos y de paso limpiar el balance de las entidades para 'resetearlas' y que puedan destinarse a otros nichos de negocio. «Se trata de poner un membrete europeo a un problema de Italia, ofrecerle una pista de aterrizaje para que de una vez por todas acabe con su parálisis», aseguran fuentes del sector.

El listado de iniciativas es amplio y ambicioso, pero el freno político es tan inevitable como desesperante. «¿Cómo no vamos a estar preocupados con los mensajes que está lanzando la gente de Trump sobre el euro? Son muy graves y nadie los esperaba después de la campaña», confiesan estas mismas fuentes.

No se habla de otra cosa en la Bruselas comunitaria. «Cuando se trata de Trump, los líderes europeos parecen aún perdidos en la negación, pero deberían pensar cómo minimizar el daño», alerta Guntram B. Wolf, director del 'think tank' Bruegel.

La Eurozona ha entrado en funciones en un 2017 vital. El pasado martes, se cumplieron 25 años de la firma del Tratado de Maastrich, la primera piedra de la creación de la moneda única. Y el 25 de marzo, se cumplirá el 60 aniversario de la firma del Tratado de Roma, el punto de partida de la Unión Europea. Es mucho lo acordado y lo vivido, como arenga el de casi siempre, el presidente del BCE, Mario Draghi: «Con la moneda única hemos forjado vínculos que han sobrevivido a la peor crisis económica desde la II Guerra Mundial. Esta fue la razón de ser del proyecto europeo: mantenernos unidos en tiempos difíciles, cuando es demasiado tentador atacar al vecino o buscar soluciones nacionales».