La Rioja

La banca busca sacudirse la mala fama

  • Las entidades financieras, con su reputación en mínimos, se sienten ahora víctimas sociales

«Hay tres millones de personas en la calle con una pancarta. Si esos tres millones van al banco y retiran su dinero, los bancos se hunden. Si la gente hiciera eso nos escucharían de otra manera». El temperamental y controvertido futbolista francés Éric Cantona llamaba así, en octubre de 2010, a revolverse contra el poder de la banca. Incluso lideró una campaña para que sus compatriotas llevaran a cabo una retirada masiva de dinero, pero llegada la fecha, el 7 de diciembre de aquel año, ni siquiera él acudió a su entidad. Sus abogados dijeron luego que había efectuado un «reembolso simbólico» en una sucursal fuera de los objetivos de las cámaras.

En España también millones de personas han salido a las calles en los últimos años para protestar contra unos bancos que no han dejado de acumular motivos para la indignación: desahucios a miles; más de un millón de afectados por preferentes, subordinadas, 'swaps', 'clips' y otros complejos productos colocados con poca y hasta con falsa información a todo tipo de clientes -ancianos, enfermos de Alzheimer y analfabetos incluidos-; sobresueldos escandalosos, dietas injustificadas, indemnizaciones y pensiones millonarias a gestores que dejaron entidades arruinadas; rescates con dinero público -60.718 millones, según el Tribunal de Cuentas-; fraudulentas salidas a Bolsa; cuentas maquilladas cuando no directamente falseadas; tarjetas 'black'; cobro de comisiones por cualquier cosa y muchas, abusivas; ilegales cláusulas suelo, engañosas hipotecas multidivisa y cargos al cliente con todos los gastos hipotecarios.

Y aún hay banqueros, como la consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, que se preguntan «¿por qué se le tiene tanta manía a la banca?». La respuesta, en el párrafo anterior. Esa amplia lista de 'errores/horrores', muchos de los cuales han sido o están siendo juzgados en tribunales donde los jueces, históricamente reticentes a condenar a la banca, ante la gravedad de los abusos descubiertos se han puesto del lado de las víctimas. Y tampoco es que genere demasiadas simpatías que hasta 126 responsables y altos cargos de los bancos españoles cobren más de un millón al año, según la Autoridad Bancaria Europea.

La CEO de Bankinter se lamentó del «regocijo general que se está viviendo con las sentencias contra la banca» y de que «se quiere trasladar la idea de que la banca es perversa». Pero asumió que «se han hecho algunas cosas mal», Dancausa afirmó que «no somos los bancos avaros de Mary Poppins; somos los financiadores de los sueños de la gente».

Por mucho que ella no se lo explique, los bancos han dejado de ser lugares de confianza para convertirse en sitios a los que ahora se acude con la incómoda sensación de que, entre la palabrería comercial y la ininteligible -por tamaño y contenido- letra pequeña, a uno le van a acabar metiendo de alguna manera la mano en el bolsillo. Todas las entidades dicen estar preocupadas por esa mala fama, pero algunas han preferido no aprovechar la oportunidad que les brindó este diario para aportar sus opiniones al respecto.

La mayoría de los bancos se sienten ahora víctimas de los tribunales y del juicio social, y la defensa de su reputación se limita, en general, a cierto reconocimiento de «errores» -jamás negligencias ni mucho menos delitos-, la excusa de que los criterios han cambiado «a mitad de partido», declaraciones de buenas intenciones y la reivindicación unánime de «la importancia de los bancos» para el bien del país.

«Nunca engañamos»

Así, por ejemplo, el presidente del BBVA, Francisco González, declaraba el pasado día 1 que, «desde el punto de vista reputacional, BBVA no tenía ningún problema hasta que llegaron las cláusulas suelo» -se olvidó de los 3.500 millones de euros en preferentes que colocó-, y adujo que eran legales hasta que cambiaron las reglas de juego. «No es mala práctica, son nuevos criterios de transparencia», afirmó. González dijo sentirse «un poquito decepcionado» con el «ruido» generado en torno a la banca e incluso se permitió cierto sarcasmo: «Me gustaría ser Papá Noel todas las mañanas, pero somos los administradores de una gran sociedad», se justificó para no devolver de oficio todas sus cláusulas suelo, como sí hace Bankia.

Precisamente, esta entidad, la que más escándalos acumula, ha decidido de la mano de su presidente, José Ignacio Goirigolzarri, asumir con esas devoluciones al menos alguna de sus culpas. Goirigolzarri ha reconocido que uno de los grandes retos de la banca española era «la mejora de su reputación», para lo que consideraba «clave escuchar lo que la sociedad nos pide». «Ningún objetivo ni ningún resultado justifica la transgresión de nuestros principios y valores», ha indicado.

No obstante, el presidente de Bankia ha advertido de que aunque «el sistema financiero debe ser transparente y tener claro que la justificación de su existencia es el servicio a los clientes, mantener una permanente sospecha sobre él hace que se corra el riesgo de que se tomen decisiones que, aunque a corto plazo puedan generar aplausos, acaben teniendo consecuencias negativas para la sociedad».

Otros, como el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, resisten impertérritos a la presión social y a los varapalos judiciales. «Nosotros nunca engañamos a los clientes», aseguró rotundo hace dos semanas en la presentación de resultados de la entidad al referirse a sus cláusulas suelo. Oliu afirmó que las suyas eran claras y transparentes y que, por tanto, a los clientes que reclamen se les atenderá pero no se les devolverá el dinero. «Incluso un notario nos ha reclamado la cláusula suelo. El Lazarillo de Tormes llega a todos los estamentos», ironizó.

Por su parte, la presidenta del Santander, Ana Botín, ya en una conferencia de banca en octubre de 2014, reconocía que para recuperar la confianza de la sociedad se precisaba que «todo lo que hagamos sea sencillo, cercano y transparente: estas tres palabras representan la fiabilidad y la atención que esperan de nosotros». Y en otra conferencia bancaria en noviembre pasado, tras reivindicar que «los bancos son las arterias de la economía», insistió en que «cuando cumplimos nuestra función y los clientes confían en nosotros, todos ganamos».

También CaixaBank considera «ineludible restablecer la reputación», que reconoce como uno de sus «retos principales». Fuentes de la entidad catalana señalan que «el cliente es el centro» y basan su actuación en cuatro puntos: «Servicio, transparencia, asesoramiento y compromiso con la sociedad».

Pero el diagnóstico más crudo de la inquietud que vive el sector financiero español lo hacía esta misma semana un alto cargo bancario fuera de micrófonos: «La reputación está en mínimos de los últimos 10 años. Estamos sufriendo un ataque indiscriminado. Estamos siendo masacrados. Es una situación insostenible. Hay que acabar con esto cuanto antes».

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