La Rioja

La polémica 'economía de mercado' china

Un empleado del puerto de Shanghái observa las instalaciones de su terminal de carga. :: carlos barria / reuters
Un empleado del puerto de Shanghái observa las instalaciones de su terminal de carga. :: carlos barria / reuters
  • El acuerdo de ingreso en la OMC estipuló que este año el gigante debería recibir ese estatus, pero EEUU, Japón y la UE lo frenan

SHANGHÁI. Parece una flagrante contradicción otorgar el estatus de 'economía de mercado' a un país que se dice comunista. Todavía más si se tiene en cuenta que las empresas extranjeras allí establecidas critican el aumento de las trabas para acceder al mercado interno. No obstante, eso es exactamente lo que la Unión Europea, Estados Unidos y Japón deberían haber hecho con China el pasado 11 de diciembre, cuando expiró el plazo de 15 años estipulado al entrar el gigante asiático en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sin embargo, valorando pros y contras, las tres potencias han preferido incumplir el artículo número 15 del llamado Protocolo para el Acceso de China a la OMC, en cuya redacción participaron de forma activa.

Lógicamente la prensa china no ha tardado en denunciar la violación de aquel acuerdo. «Los países occidentales pierden más que credibilidad al rechazar a China como una economía de mercado», escribió el Diario del Pueblo, que hace de portavoz del Gobierno. Por su parte, la agencia de noticias oficial, Xinhua, hizo hincapié en los beneficios a escala global que ha tenido el acceso del país más poblado del mundo a la OMC: «Desde entonces China se ha convertido en la segunda potencia económica, en el mayor actor del comercio internacional, y ha logrado sacar a cientos de millones de habitantes de la pobreza. Los chinos pueden ahora comprar automóviles más baratos, disfrutan de productos internacionales, y viajan más (.) Es evidente que la fuerte demanda china de productos importados ha sido un factor de estabilización en una economía global en decadencia».

Sin duda, las estadísticas así lo confirman. China ha pasado de comprarle al mundo productos por valor de 243.550 millones de dólares en el 2001 a gastar 1,68 billones de dólares en la actualidad. Con un 10,3% de crecimiento anual medio en las importaciones, en este período el Gran Dragón no sólo ha despertado sino que también se ha convertido en la esperanza de muchas empresas y países. Según la propia Xinhua, las compañías foráneas -incluidas las de capital mixto local y extranjero o 'joint ventures'- han logrado unos beneficios de 15 billones de dólares en los últimos tres lustros.

La pregunta es si eso supone que China es ya una economía de mercado. Los críticos sostienen que no. Los empresarios occidentales afincados en China afirman que no se puede considerar como tal a un país que añade constantemente trabas a la inversión extranjera, en el que muchos sectores están regidos por monopolios locales y donde el intervencionismo gubernamental resulta equiparable al de una economía planificada. «Podemos debatir hasta el infinito cómo China está girando hacia el capitalismo más salvaje, pero eso es algo que se nota en la sociedad y no a escalas empresarial o legislativo», apunta un empresario español afincado en Shanghái.

De cualquier modo, ¿por qué tiene tanta importancia la concesión de esa etiqueta de 'economía de mercado'? La clave está en el comercio. Los países considerados de esa forma tienen un acceso mucho más fácil al mercado europeo o norteamericano. Y, además, resulta mucho más difícil acusarlos de una práctica que a menudo se asocia con China: el 'dumping', esto es, la venta de productos por debajo de su coste real.

En el caso de países que no son economías de mercado, la Unión Europea no tiene en cuenta el costo que declara el exportador y, en su defecto, usa como referencia el de un tercer estado que sí tiene esa etiqueta para calcular el precio bajo el que resulta ilegal comercializar un producto. «De esta forma siempre se puede escoger un país más caro, como Malasia o Corea del Sur, para denunciar a China por 'dumping'», explica a este diario el vicedecano de la China-Europe International Business School (CEIBS), Xu Bin.

Aranceles como protección

Ante esa tesitura, la Unión Europea, Estados Unidos y Japón aplican los aranceles que consideran necesarios para que lo que se importe de China no dañe la competitividad de otros países, incluido el propio. Actualmente, de las 37 medidas de 'defensa del comercio' que impone Europa, 16 tienen como objetivo productos chinos. Uno de los más importantes, y polémicos, es el acero. «Si se concede ese estatus de mercado a China el precio será el que determine el propio país», añade Xu. «Y es evidente que eso dañará a ciertos sectores tradicionales», analiza.

La pregunta ahora es si debe, por lo tanto, concederse tal etiqueta al régimen de Pekín. «Sería como darle carta blanca para que haga 'dumping'», afirma desde Bruselas el portavoz del la patronal europea del acero (AEGIS), Milan Nitzschke, que ya ha organizado manifestaciones en contra. Xu, sin embargo, cree que por pragmatismo la UE debería ceder. «Este paso podría incentivar las inversiones chinas, que se traducirían en la creación de empleo en Europea y mejoraría el acceso de nuestras empresas al mercado chino».

No obstante, el profesor de CEIBS propone varias condiciones. Por ejemplo, «se debe distinguir entre sectores. Hay algunos que ya se rigen por una economía de mercado libre, sin injerencia del Estado. La UE puede crear una lista de aquellos que no estarían cubiertos por esa etiqueta. De esta forma se puede presionar a China para que agilice sus reformas».

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