La Rioja

José Ángel Sánchez Asiaín. :: mitxel atrio
José Ángel Sánchez Asiaín. :: mitxel atrio

Con gran visión de futuro

Doctor en Economía y catedrático de Hacienda Pública, presidió el Banco de Bilbao, el Banco Bilbao Vizcaya, fue presidente de honor del BBVA, pionero en las fusiones bancarias, académico de las Reales Academias de Ciencias Morales y Políticas, de Historia, de Bellas Artes de San Fernando., presidió el Patronato del Museo del Prado, la Fundación Cotec, el Colegio Libre de Eméritos, tiene más de quinientos trabajos publicados sobre cuestiones de Economía, Finanzas y Cultura, investigador incansable y autor del libro 'Las finanzas de la Guerra Civil española'.

Su extensa y fructífera trayectoria profesional y académica no le impidió asumir con gran orgullo y compromiso la presidencia de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Se incorporó al mundo de lo social, al tercer sector, desde el respeto ante su inicial desconocimiento del fenómeno de los consumos de drogas, y desde el profundo honor que nos manifestó había supuesto para él aceptar el nombramiento.

José Ángel Sánchez Asiaín, un hombre discreto, sencillo y con gran visión de futuro. Así le recordamos quienes tuvimos el privilegio de trabajar junto a él en la FAD. Su incorporación al Patronato de la FAD en el momento de creación de esta Fundación, en 1986, en su etapa de presidente del Banco de Bilbao, supuso el respaldo del sector bancario a la incipiente actividad de prevención de los consumos de drogas que se iniciaba de la mano del fundador, el general Gutiérrez Mellado. Este ejemplo fue seguido por los grandes bancos.

En el año 2000 se nombró a José Angel Sánchez Asiaín presidente de la FAD, nombramiento que recibió con la discreción que le caracterizaba y que asumió algo abrumado por las incontables felicitaciones que recibió, según él solía decir, muy superiores en número a las recibidas en toda su vida. En los años de dedicación a la FAD quedó patente la grandeza de su dimensión humana, su ecuanimidad, su solvencia personal.

Con gran visión de futuro, Asiaín siempre estaba pensando en avanzar, en construir, en mejorar las cosas, en ayudar., y tenía una capacidad extraordinaria de impulsar el cambio. Muy cercano en el trato, se dejaba asesorar, pedía que los profesionales le explicaran la acción directa, con el ánimo de sumar, con su enorme capacidad para entender cualquier planteamiento, ver su dimensión, proyectarla y animar a moverse en esa dirección. Él decía que la FAD era una institución de anticipación y avance, que siempre debía ir por delante, y que había conseguido cambios importantes gracias a esa anticipación, y estaba orgulloso de ello. Su gran ilusión era transformar, que es lo que también hizo en la banca. Su dedicación a la FAD fue impecable, siempre con una actitud de discreción y humildad, como muestra la frase con la que iniciaba nuestras frecuentes conversaciones: «¿En qué puedo ayudar?». Y siempre desde la honestidad, la ética, el compromiso, la sabiduría y la sencillez. Son rasgos de grandeza.

Durante los quince años que estuvo al frente de la Fundación, Sánchez Asiaín fue un ejemplo constante de compromiso, cercanía, humildad, discreción y sabiduría. Impulsor y alentador del cambio para anticiparse al futuro, fueron muchos los proyectos e iniciativas que vieron la luz en la FAD bajo su mandato, entre los que destaca la puesta en marcha del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

Se ha ido un gran hombre. Quizá ha pasado desapercibido para el gran público, pero es enormemente reconocido y respetado por todos los que tuvimos la suerte de estar cerca y de haber podido colaborar con él.

José Ángel Sánchez Asiaín dedicó plenamente a la FAD quince años de su vida, tarea que, según me comentaba, le proporcionó gran felicidad. Estaba orgulloso de formar parte de la FAD como uno más. Orgulloso de lo que hacíamos y siempre dispuesto a colaborar en lo que pudiera aportar, que fue mucho. Ejerció la sencillez y la discreción como señales propias de su identidad. Hoy, en la familia de la FAD estamos tristes.

Los que tuvimos el honor de colaborar con él sabemos de su grandeza, protegida por la discreción, la sencillez y la humildad. Todos los que le conocimos le recordaremos. En la FAD siempre le agradeceremos su compromiso, dedicación y cariño.