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Mario Draghi. :: afp
Mario Draghi. :: afp

El euro, entre Mario Draghi y las urnas

  • Las elecciones en Francia, Alemania y Holanda, el lío italiano, el 'brexit', Trump y los fantasmas griegos pintan un 2017 de infarto

La advertencia llegó al filo de las diez de la noche del pasado 15 de diciembre. «La Eurozona se enfrenta al riesgo real de mostrar su fragilidad en 2017». Cómo no, suscribía Mario Draghi. Cómo no, oían, que no escuchaban, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Ocurrió en Bruselas, en una cumbre, la última del convulso 2016, que pasó de puntillas por lo económico. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), según las fuentes consultadas, se mostró «enormemente preocupado» por todo lo que está ocurriendo y todo lo que puede suceder. Ojo con 2017, que pintan bastos con un carrusel electoral incierto.

El duende europeo ha comenzado a regirse por la ley de Murphy. Si algo puede salir mal, saldrá. Ahí está el 'brexit', la mayor crisis política que vivirá el club en décadas y que tendrá un impacto económico que aún nadie ha sido capaz de calibrar. La salida será activada por Reino Unido a finales de marzo y a partir de aquí se abrirá un periodo de negociación de 18 meses que tendrá su reflejo en los mercados. El nuevo año presenta un sinfín de incertidumbres políticas y sólo una certeza: Mario Draghi. El italiano acaba de renovar sus votos con la moneda única anunciando una ampliación del programa de compra de deuda hasta finales de 2017. Se trata de establecer una red de seguridad en caso de que todo se complique en el plano político.

En marzo, elecciones en Holanda, y según los sondeos, el euroescéptico y xenófobo Geert Wilders está en cabeza. En mayo, comicios presidenciales en Francia, y salvo sorpresa, ganará la derecha o la extrema derecha de Marine Le Pen (si llega a gobernar, puede ser el final del euro e incluso de la UE como se conoce). En septiembre, Alemania, donde Angela Merkel aspira a un cuarto mandato consecutivo pero donde su partido teme y mucho la influencia de los antieuro del AfD. Si tres países fundadores se la juegan en las urnas, otro, Italia, también podría hacerlo. La prematura marcha de Matteo Renzi tras perder otro maldito referéndum ha sumido a la tercera potencia del euro en un laberinto político del que nadie sabe cómo saldrá.

Las elecciones están previstas en 2018, pero es muy posible que se adelanten a 2017. Y aquí el sentimiento antieuropeo está en peligroso auge. Tanto, que Renzi quitó todas las banderas de la Unión en una de sus últimas alocuciones anteriores a la celebración de la consulta. De nada le sirvió.

Subida mundial de tipos

Y siguiendo en el sur, Grecia. Es como un volcán con actividad. Casi siempre silente, pero cuando estalla... Alexis Tsipras, de capa caída en su país, ha dicho basta y ha retado a la troika aprobando una paga extra para las pensiones más bajas que le ha costado la paralización por parte del Eurogrupo (por orden de Berlín) de las medidas de alivio de la deuda aprobadas a principios de diciembre. Grecia, ya por su tercer rescate, es un polvorín y ahora, además, no es Atenas contra el resto del mundo, sino que el Fondo Monetario Internacional (FMI) está harto de Europa y Bruselas se ha mojado en favor de Grecia.

Y por si no fuese bastante, el 20 de enero, Donald Trump tomará posesión como presidente de Estados Unidos. Si cumple todo lo que ha mantenido en campaña (algo que está por ver), se bajarán los impuestos, el gasto público se multiplicará y el proteccionismo se abrirá hueco a codazos con graves repercusiones en el comercio mundial. Así que no es de extrañar que la Reserva Federal haya comenzado ya a subir los tipos de interés mientras en Europa, Banco Central se remueve inquieto ante lo que puede ser una subida generaliza a nivel mundial cuando el euro aún es incapaz de sostenerse sin sus estímulos.