La Rioja

El invisible drama del parado cuarentón

Un grupo de personas hace cola en una Oficina de Empleo. :: reuters
Un grupo de personas hace cola en una Oficina de Empleo. :: reuters
  • Apenas un 4% de las ofertas laborales se dirige a este colectivo, el más vulnerable tras la crisis y del que casi ni se habla

  • Uno de cada tres desempleados es mayor de 45 años y el 43% de ellos supera los dos años sin tener trabajo

Madrid. Son más de cuatro millones y medio de personas en este país que quieren trabajar y no pueden. Para todos ellos, el problema es tremendo. Pero hay un colectivo para el que se está convirtiendo en un drama que en la mayor parte de ocasiones no se transforma en comedia. Se trata de los mayores de 45 años, un conjunto que hace poco ruido y del que apenas se habla, pero que es mucho más numeroso y preocupante que el de los jóvenes, que sí tienen un protagonismo importante en la sociedad y en los medios de comunicación. En la actualidad, hay más de 1,6 millones de parados que superan esta edad, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Se trata del grupo más numeroso, pues representan el 35,5% del total de desempleados, un porcentaje que se ha incrementado 12,5 puntos con la crisis, pues en 2007 apenas superaban los 400.000. Este dato contrasta con el 15% de paro existente para los menores de 25, la denominada 'generación perdida'.

Bien es verdad que el desempleo en los sénior se está reduciendo en los últimos años, pero la realidad muestra que lo hace a un ritmo sensiblemente inferior: un 9,4% respecto al año pasado, frente al 11,1% de media general. Pero, curiosamente, también es el colectivo que más empleo ha generado en el último año, por ser la masa más numerosa de profesionales disponibles. A su vez, los trabajadores m ás optimistas en mantener su empleo en 2017 son los más veteranos, ya que así lo afirman tres de cada cuatro encuestados mayores de 45, frente al 63% de los menores de dicha edad, según un informe de Randstad.

«Es un colectivo muy interesante porque reflejan la cara y la cruz de la realidad laboral», indica Valentín Bote, director de Randstad Research, que recalca que los que están trabajando de este colectivo están muy bien y los que están en paro tienen una probabilidad mínima de salir de ahí.

Efectivamente, la tasa de desempleo de este colectivo es inferior, puesto que se sitúa en un 17,2%, casi tres puntos menos que la media española y muy lejos del desmesurado paro juvenil (46%, aunque en volumen supongan 700.000). Bote explica que este grupo de veteranos tiene una «enorme dificultad para moverse de una situación de paro a una situación de empleo, pero también al revés». Así, si para el conjunto de la población la tasa de salida del paro para la franja de 45 a 54 años es del 19,3%, en este colectivo cae ligeramente hasta el 18,2% y se desploma al 11,9% en la franja de 55 a 64 años. Es decir, apenas uno de cada diez parados del primer trimestre mayor de 55 encontró empleo en el segundo trimestre, según datos aportados por la última EPA. «Nos hemos centrado mucho en el problema de los jóvenes y hemos dejado a un lado a los que peor lo tienen, los mayores», se lamenta Bote.

A la vista de estos datos, no resulta extraño que también se hayan convertido sin quererlo en protagonistas del paro de larga duración. Más de la mitad de desempleados de este país supera el año de búsqueda activa de trabajo, concretamente son 2,6 millones (un 58%). Y de ellos, un 43% pasa de los 45; es decir, prácticamente uno de cada dos parados de larga duración. Y son más de 900.000 los que llevan más de 24 meses.

Marcel Jansen, investigador de Fedea, explica que una persona mayor de 45 años que se queda sin empleo tiene una probabilidad de casi el 40% de entrar en paro de larga duración, algo que se agrava al 67% si lleva más de un año sin trabajo. Es decir, dos de cada tres no logra salir de esta situación antes del segundo año de desempleo. «Es un colectivo que siempre ha tenido problemas y la crisis lo ha agudizado más», afirma este profesor de Economía, que hace hincapié en que en España el paro de larga duración no recibe la atención necesaria que merece, algo que sí ha logrado el desempleo juvenil. «Tenemos que preocuparnos de que una proporción nada desdeñable puede perder la conexión al mercado laboral», advierte.

Si a esto se le suma que los mayores de 40 años acaparan los contratos de solo un día de duración, pues casi la mitad de esa contratación temporal y precaria se concentra curiosamente en los trabajadores más formados, la situación se hace más que alarmante.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Dejando a un lado que más del 70% no sigue una correcta estrategia de búsqueda de empleo, la razón principal es que a día de hoy siguen existiendo importantes prejuicios en el seno de las empresas que lastran las oportunidades laborales de los desempleados sénior, afirma Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco. Creen que están sobrecualificados y que exigirán contratos más estables y mejor remunerados. Además, consideran que están menos preparados que los jóvenes, menos familiarizados con las nuevas tecnologías y que les costará más interiorizar la dinámica del puesto, así como que tendrán menor flexibilidad para viajar o hacer horas extras. De hecho, solo un 4% de las ofertas de trabajo se dirigen al colectivo sénior, según un estudio de Adecco, que pone de manifiesto que la edad es un requisito que está presente en tres de cada diez vacantes, pese a tratarse de una medida discriminatoria e incluso ilegal.

La pregunta es: ¿cómo revertir esta situación? «Hay que cambiar por la vía de la sensibilización y del impacto de la sociedad, y no tanto con medidas restrictivas», considera Bote, que defiende la necesidad de poner el foco en las tareas de recualificación de estos parados y crear un programa de emprendimiento orientado a este colectivo y evitar así situaciones de exclusión social. Entre otras cosas, porque también su pensión se puede reducir peligrosamente por no haber cotizado en estos años finales.

Jansen, por su parte, manifiesta que es necesario un «mercado flexible», que combine un buen seguro por desempleo con políticas activas de calidad, quizá con bonificaciones a las empresas. En esta misma línea se sitúa el profesor del IESE José Ramón Pin, quien considera que igual que hay incentivos para las empresas que contraten a jóvenes, deberían existir para los que empleen a mayores de 45 años. Se merecen todo el esfuerzo...