La Rioja

El nirvana que vive el petróleo barato, sin fecha de caducidad

Miembros de la OPEP en el último foro de la Energía, en Argel (Argelia). :: efe
Miembros de la OPEP en el último foro de la Energía, en Argel (Argelia). :: efe
  • La discrepancia entre los países productores y la amenaza del 'fracking' contienen a un mercado en horas bajas desde 2014

  • El pacto de la OPEP es incapaz de impulsar el precio de un crudo que sigue haciendo las delicias de la economía

El enésimo encuentro del cartel de productores de petróleo ha acabado casi como todos los foros en los que se han reunido sus dirigentes durante estos últimos 27 meses: en estado de indefinición latente. A pesar de que los miembros de la Organización de Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP) decidieron el pasado miércoles aplicar una reducción de la extracción en un millón de barriles al día, hasta los 32,5, aún se desconoce qué parte recortará cada país y a qué compromisos han llegado. Es decir, nueva reunión oficialmente exitosa pero oficiosamente fracasada.

Esta no es solo la opinión de los expertos. El termómetro que marca el mercado así lo refleja: el barril de Brent -de referencia en Europa- se revalorizó un 5% el miércoles, pero cayó un 2% el jueves y mejoró otro 3% el viernes, hasta los 50 dólares. Para Daniel Lacalle, director de inversiones de Tressis, el mercado no ha dado grandes saltos de alegría «porque el pacto de la OPEP es el acuerdo de un desacuerdo». Este experto apunta que los productores «no han especificado cuánto van a acortar su producción» y, sobre todo, que «Irán ya ha dicho que no lo va hacer».

La incertidumbre es similar en varias firmas que han mantenido impertérritas sus previsiones sobre la evolución de los precios. Goldman Sachs estima que el barril de West Texas -de referencia en Estados Unidos- cotizará en el entorno de los 43 dólares hasta finales de año. «Nos mantenemos escépticos», han señalado sus técnicos. En el caso de Société Générale, reiteran sus cálculos en el entorno de los 50 dólares por barril de Brent para este último trimestre; Julius Baer también tiene puesta la mirada en ese coste medio e interpreta el resultado de la última reunión de la OPEP en Argel más como «una propuesta» que como «un acuerdo».

En ninguna de las previsiones se apunta a que el crudo supere la barrera de los 50 dólares, que no se ven prácticamente desde hace 12 meses. Es decir, no existe análisis certero donde se prevea que el coste del 'oro negro' se dispare, al menos a medio plazo. De ahí se deriva el estado de serenidad que reina entre los consumidores y las empresas españolas a cuenta de la factura petrolífera que pagan cada día. Porque no tiene visos de quebrarse. Un contexto muy diferente al de hostilidad en el que viven los países productores y las multinacionales de prospección donde no alcanzan a ver un final acorde a sus propios intereses.

El diésel, anclado en el euro

La dualidad de los efectos que provoca el mercado petrolífero sigue beneficiando a economías netamente importadoras de crudo como la española. Sólo el año pasado, el conjunto del país ahorró unos 15.000 millones de euros en su factura energética. Una cantidad que ha servido para incrementar la renta disponible de las familias, por un lado; para reducir la factura de muchas industrias y pymes, por otro; y evitar un alza del déficit comercial del Estado en plena recuperación.

El del petróleo es uno de los vientos de cola con los que cuenta España desde hace dos años para abandonar la crisis. Sólo en el caso de los combustibles, su coste se ha reducido una media del 30% desde mediados de 2014, e incluso ha llegado a alcanzar picos aún mayores.

Ahora, el precio del litro del gasóleo se encuentra, de media, en los 1,02 euros; y el de la gasolina de 95 octanos, en los 1,15 euros. Aunque en algunas semanas del inicio del año llegó a caer hasta los 90 céntimos en el caso del diésel, frente a los cerca de 1,35 que llegó a valer hace más de dos años.

Sin embargo, el último informe de perspectivas del Banco de España ya anticipa «la pérdida de fuerza de algunos de los ingredientes que han apoyado la actividad», como el crudo. El supervisor espera que los precios comenzarán a subir en los dos próximos años «como consecuencia de la revisión al alza de la senda de precios del petróleo».

Si subiera repentinamente el coste, para España «sería negativo a corto plazo», según Pablo García Estévez, profesor de finanzas de Cunef. Porque «hemos basado parte de la recuperación en el ahorro en la compra de energía, al ser un país netamente importador», sostiene. Sin embargo, Daniel Lacalle no considera que este factor haya sido determinante. «Si hubiese sido así, otros muchos países en circunstancias similares, como Japón, también estarían creciendo, y no lo hacen», afirma este experto.

El punto de quiebra

La cara opuesta de economías como la española la ofrecen muchos de los países productores de crudo, con verdaderas dificultades para sacar adelante sus cuentas públicas, regadas de petrodólares durante las últimas décadas. Un grupo de esos territorios no puede aguantar ya con las referencias actuales. Se trata de Nigeria, Canadá, Estados Unidos, Egipto, Venezuela o Rusia, donde un crudo por debajo de los 60 dólares cruje sus estructuras.

Otros, en cambio, se encuentran en la cuerda floja, como Catar o Noruega, donde aún pueden resistir con las referencias de precio actuales. Y los que mejor lo pueden llevar, por ahora, son las grandes potencias del Golfo Pérsico, como Irán e Irak -tienen establecido su punto de bancarrota energética en torno a los 20 dólares-, y sobre todo Arabia Saudí y Kuwait, donde pueden ver el petróleo a 10 dólares por barril.

Hay economías en las que la caída de costes registrada desde 2014 «las ha destrozado, como en Venezuela y Rusia», sostiene Pablo García Estévez. Sin embargo, otras aguantan mejor, «como Arabia porque tenía grandes reserva», afirma. El problema es que la OPEP no actúa como una organización al unísono. Y menos aún desde que Irán se ha incorporado al mercado internacional de crudo, tras el desbloqueo que mantenía EE UU sobre el país.

Si hubiera algún acuerdo real para ajustar la oferta, «los países del Golfo compensaría la reducción del volumen con un mejor precio», indica Erasmo Rodríguez, analista de Union Bancaire Privée (UBP). «El resto, con Irán a la cabeza, mantendrían sus ingresos de exportación al alza», indica este experto.

Mientras tanto, la industria de la extracción por la vía de la fractura hidráulica -'fracking'- mira de reojo cualquier decisión petrolífera. Porque son conscientes de que si se recorta la producción y eso conlleva la subida de precios, se reactivarán sus planes. Hasta ahora, la estrategia de hundirles a costa de recortar el precio del crudo «ha sido un éxito», según Erasmo Rodríguez. Muchas corporaciones, sobre todo norteamericanas, se han visto obligadas a echar el cierre ante la imposibilidad de luchar contra un 'oro negro' que aguanta por debajo de los 60 dólares, el nivel que estas fábricas no pueden resistir.