La Rioja

Las multinacionales de extracción aguantan el chaparrón a base de ajustes

  • Repsol, adaptado al coste actual tras desinvertir 3.000 millones, refleja la transformación de un sector afectado por el desplome del 'oro negro'

Además de los grandes productores de crudo, las multinacionales dedicadas a la extracción de petróleo han comprobado con esta crisis hasta qué punto han tenido que modificar sus estructuras para evitar que un crudo a 40, 30 e incluso 27 dólares por barril -el mínimo de estos años- arruinara sus finanzas.

Entre los perdedores de esta partida se encuentran «las propias compañías petroleras», según Pablo García Estévez, de Cunef. «Son las únicas a las que esta situación les ha venido mal», indica. Entiende lo mismo Erasmo Rodríguez, de UBP, quien explica la «regla de oro» en el mundo de la energía: «Si cree que el precio del crudo se va hacia arriba, compre empresas que tengan una supersensibilidad al petróleo». Este experto señala que «quien dice eso, está diciendo que se invierta en empresas que trabajan en la exploración y producción».

En el caso español, Repsol constituye el ejemplo más paradigmático del contexto en el que se mueve el sector en todo el mundo. El consejero delegado de la compañía, Josu Jon Imaz, presentó hace ahora un año el plan estratégico de la firma de cara a 2020. En ese acto, Imaz ya anticipó que su equipo iba a gestionar durante cinco años «como si el precio del barril se quedase en 50 dólares».

Entre sus planes para adecuarse a un mercado petrolífero tan convulso se encontraba unas desinversiones superiores a los 6.000 millones de euros. En apenas doce meses ha materializado más de 3.000 millones. La última operación ha sido la venta de un 10% del accionariado que Repsol poseía en Gas Natural Fenosa, donde hasta ahora controlaba un 30%. Por esta transmisión, la compañía ha ingresado 1.900 millones y ha obtenido unas plusvalías de 464 millones.

Por ahora, la petrolera mantiene otro 20% de participación en la compañía energética. No hay previsiones de realizar más ventas en esta 'joya de la corona', que sigue aportando importantes beneficios a través de los dividendos repartidos periódicamente.

El plan de desinversiones de Repsol estimaba que la mayoría provendrían del negocio del 'upstream' (exploración y producción), esto es, de activos que no estén vinculados al precio volátil del crudo. Con estas medidas, la firma pretende reducir su endeudamiento, entre otras razones, para evitar que las agencias de calificación empeoren su nota, un objetivo que parece cumplido.

Las cuentas de otras grandes petroleras mundiales tampoco dejan lugar a dudas. BP, Exxon Mobil y Total, entre otras, han registrado fuertes pérdidas hasta el segundo trimestre. E incluso algunas ha caído a ratios que no se veían desde hace décadas, con las correspondientes rebajas de sus calificaciones crediticias por parte de las agencias.

A pesar de la caída generalizada, las diferencias son notables entre las corporaciones. El ratio de deuda sobre beneficio antes de impuestos (Ebitda) aumenta más en las europeas que en las americanas, por lo que tienen una mayor exposición al riesgo del precio del crudo. En el caso de las estadounidenses, iniciaron la reducción de sus inversiones y sus gastos hace tiempo, una estrategia que les ha servido para poder rearmarse con más ímpetu.

En el lado opuesto se sitúan las empresas que han salido ganando con los precios del crudo en mínimos. «Han sido todas las que utilizan el petróleo como 'input'», explica Pablo García Estévez. Se refiere a las que operan en sectores como el transporte o la gran siderurgia.

Por ejemplo, en el caso de Técnicas Reunidas, donde un 88% de sus ingresos vienen del sector petrolífero y gasista, se enfrenta a una situación más limitada. Se encuentra muy ligada a la evolución del precio del Brent. Y los expertos dudan de que, a pesar de su buen nivel de contratos, estos no se vean afectados si el precio se mantiene en niveles bajos.