La Rioja

Mario Draghi guarda sus ases pese a dibujar una Eurozona en coma

El presidente del BCE, Mario Draghi, ayer tras la reunión del Consejo de Gobierno de la institución, en Fráncfort. :: Arne dedert / EFE
El presidente del BCE, Mario Draghi, ayer tras la reunión del Consejo de Gobierno de la institución, en Fráncfort. :: Arne dedert / EFE
  • El BCE ratifica su compromiso de seguir con las compras, pero advierte a los países de que sin estímulos fiscales el crecimiento no volverá

No hubo grandes sorpresas en forma de nuevos estímulos pero sí muchas puntadas con hilo. El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidió ayer contener la respiración y no mover ficha a la espera de que la coyuntura internacional dé una tregua y aclare algo el panorama. Todo apunta a que el bazuca ha empezado a engrasarse para la reunión del 8 de diciembre. ¡Qué mejor forma de despedir un histórico 2016!

Pero esto es futuro y ayer, Mario Draghi, el presidente de la institución, se limitó a defender lo hecho, a proclamar que están dispuestos a hacer todavía más y a lanzar dardos envenenados hacia las principales capitales europeas, sobre todo dirección Berlín. Y es que pese al billón largo inyectado en la economía, la Eurozona sigue sin carburar, como evidencian las nuevas previsiones, que revisan a la baja el crecimiento del próximo año (del 1,7 al 1,6%) y mantienen la inflación en el 1,6% en 2018, cuando el objetivo es que esté por debajo pero muy cerca del 2%. Como volvió a alertar el italiano, «el BCE ha hecho mucho pero sólo con el BCE no basta».

Su sanedrín volvió a reunirse en Fráncfort (Alemania) tras el parón estival con la misma presión que viene sufriendo en los últimos meses. Los mercados bursátiles y financieros piden más y más, pero Draghi les obsequió con un portazo. Todavía no. Sin embargo, deslizó que el equipo de expertos sigue trabajando en una revisión del ambicioso programa de compras (QE), que expira en marzo de 2017 y que ya ha adquirido un billón largo de deuda pública (80.000 millones mensuales, aunque no sólo bonos soberanos). Y para los escépticos, aquí un breve mensaje: «No hay duda sobre la voluntad de actuar, la facultad y la capacidad de hacerlo».

De momento, el Consejo de Gobierno decidió mantener los tipos de interés en el histórico 0% y la tasa de facilidad de depósito en el -0,4%. Se hablaba de que podría bajar aún más para mantener la presión sobre los bancos (tienen que pagar por dejar el dinero en la ventanilla de Fráncfort en vez de prestarlo) y ganar algo de margen en sus compras mensuales (la deuda adquirida no puede rendir por debajo del -0,4%), pero el BCE decidió guardarse este as bajo la manga. «De momento, los cambios no son tan sustanciales para justificar una decisión de actuar. Nuestra política monetaria es efectiva», recalcó Draghi, quien pidió calma para que las medidas ya adoptadas surjan efecto. Y qué mejor forma de corroborarlo que con cifras. Aseguró que sin los estímulos del BCE, el PIB de la Eurozona sería seis décimas inferior y la inflación, cuatro. «La transmisión de nuestra política monetaria nunca ha funcionado tan bien», se felicitó.

'Brexit' y bancos débiles

Sin embargo, las cifras también dicen que la economía no carbura, que pese a la ingente cantidad de dinero que se está inyectando en el sistema todo sigue igual, como constaron las nuevas previsiones del organismo para la periodo 2016-2018 (las últimas fueron en junio). Aunque el crecimiento se revisó ligeramente al alza para este año (del 1,6 al 1,7%), en 2017 sucedió lo contrario (del 1,7% al 1,6%). En 2018, sigue igual: en el 1,6%. Respecto a la inflación, el gran termómetro por el que se guía el BCE, no se mueve ni una coma: el 0,2%, el 1,2% y el 1,6%, respectivamente, cuando el objetivo es que esté próxima pero por debajo del 2,%, algo que no ocurrirá hasta 2019.

Draghi prefirió destacar la «resistencia» que la economía ha mostrado a shocks como el 'brexit'. Y si lo ha hecho, dijo, ha sido gracias a los estímulos del BCE. Respecto al tirón de orejas a las capitales, recordó que los gobiernos deben aprobar políticas fiscales que fomenten la inversión y el crecimiento, respetando, eso sí, las reglas de Bruselas. «Todos los países deben impulsar reformas estructurales y si tienen margen fiscal, usarlo. Alemania lo tiene», recalcó. También se refirió al estado del sector financiero para reconocer que es un momento difícil y de muchos retos, pero también para advertir que no todos sus males pueden achacarlos al escenario de bajos tipos de interés.