La Rioja

La Rioja y la nueva cultura agraria

Clemente Bea, José Antonio Torrecilla, Julio Herreros, María Martín y Pedro Lara, durante su encuentro en la ADER.
Clemente Bea, José Antonio Torrecilla, Julio Herreros, María Martín y Pedro Lara, durante su encuentro en la ADER. / DÍAZ URIEL
  • El profesional deberá apostar por la calidad enfocada al consumidor pero a un precio competitivo en una agricultura global

  • La formación será básica para los agricultores riojanos del siglo XXI

El grupo del sector agrario de la Oficina Económica de La Rioja, que está trabajando para poner la bases de cara alcanzar el reto de estar entre las sesenta regiones más importantes de Europa en 2020, ha propuesto dos nuevos retos que conviene abordar cuanto antes: por un lado, la concentración y la cooperación para ganar tamaño; y, por otro, la concienciación y la formación de los empresarios agrarios. Serán los pilares para la nueva cultura agraria que requiere Europa.

¿En esa mesa cuáles fueron los retos más votados por los participantes?

(Julio Herreros). A la hora de votar entre todos los retos establecidos, el primero en salir elegido fue el de obtener mayor ventaja de la especialización en agricultura que tenemos en La Rioja y potenciar lo que tenemos y lo que hacemos bien. El segundo más votado fue el de la cooperación y el tamaño. El tercero consiste en afianzar las ganancias de productividad. El cuarto, la concienciación de los directivos. Y como quinto empezar a incorporar más servicios de valor añadido a las actividades que ya se están haciendo para mejorar la propia productividad del sector.

¿Cómo valora el resto de la mesa estos cinco retos principales de cara al futuro de la agricultura riojana?

(Clemente Bea). Nosotros como centro tecnológico y como agente que busca ayudar al sector en todo lo relacionado con los servicios, necesitamos, para mejorar todo lo relacionado con el empleo, que existan cuadros cualificados en el sector. Que las personas muy bien formadas se incorporen al sector. Porque tenemos claro que el problema es la productividad, porque ha bajado de forma sensible. Por eso debemos aportar valor añadido a lo que hacemos. Y para eso todos debemos remar en la misma dirección. Y me refiero al sector primario, a la industria agroalimentaria y al mercado consumidor. Y es aquí donde los centros tecnológicos enfocamos todos nuestros proyectos y herramientas de apoyo.

Por tanto se requiere una mayor profesionalización del sector para que se incorporen directivos y agricultores mejor formados.

(José Antonio Torrecilla). Lo normal antes de la crisis es que se incorporaran al sector alrededor de cincuenta personas. A partir del 2008, ha habido un boom y este año ha sido un bombazo. Y algo tendrá que ver la crisis. Gente muy bien formada que no encuentra colocación y busca un espacio laboral en su casa, pero en explotaciones ya formadas. Pero en Rioja no se invierte en gerencias profesionalizadas, porque en cuanto se paga a un gerente la gente comienza a protestar, aunque éste venda mucho. Por suerte estamos detectando que el agricultor por fin se ha dado cuenta de la importancia de la formación. Existe una concienciación clara a este respecto gracias a la incorporación de la gente joven al campo. Algo está cambiando.

(María Martín). Lo que veo es que sí existe un salto de la agricultura de cómo la entendía la gente mayor a cómo lo hacen las personas jóvenes que se están incorporando con perfiles muy innovadores. Y no sólo en industria, sino también en el sector primario, con la aplicación de novedades en explotaciones que no tienen nada que envidiar a otros sectores. Por lo tanto, conviene destacar que la imagen que se tiene del agricultor debe comenzar a cambiar. Lo de la boina y la azada es algo del siglo XIX, ni tan siquiera del siglo XX. La crisis ha provocado un resurgimiento de la imaginación para salir adelante y los agricultores se han convertido en emprendedores de primer nivel, introduciendo innovaciones de primer rango.

(Pedro Lara). Desde la posición de los agrónomos tenemos claro que nuestros colegiados quieren incorporares al campo y a la industria agroalimentaria porque al final es nuestra vocación. Pero es muy complicado que un agrónomo se incorpore a un explotación pequeña. Por eso es muy importante el asociacionismo y la colaboración de cara a la profesionalización de la gestión.

(María Martín). Pero también debemos analizar qué más podemos hacer. Por eso la formación es tan importante, así como el relevo generacional en el campo, que parece que se está produciendo. Antes de la crisis se producían 50 altas, hace dos años fueron ya el doble, pero es que este año vamos ya por las 150. Aunque no sabemos si será bueno o malo. Debemos esperar para hacer una valoración porque todo dependerá de si esta gente tan bien formada y con tan buenas ideas de verdad se queda y aguanta en el tiempo, o por el contrario es un hecho puntual por la crisis. Y creo que se dan los condicionantes para tener éxito porque es un sector que promete dado que la alimentación es algo de lo que nunca vamos a prescindir; además, los datos de los grandes organismos anuncian un repunten en la necesidad de alimentos por parte de los países emergentes, y para alcanzar estos índices la productividad tendrá que aumentar sin necesidad de mayor espacio. De ahí que la innovación será determinante para lograr mayor producción en la misma superficie.

Por tanto, el contexto parece claramente favorable para desarrollar esta nueva cultura agraria.

(Clemente Bea). En el tejido de La Rioja existe una Universidad muy especializada en agroalimentación, así como una red de centros tecnológicos que aportan mayor especialización. Contamos con organizaciones que se preocupan de la importancia de la estrategia de comercialización para ser competitivos. Todo esto hace cuarenta años no existía. Ahora tenemos los mimbres y la clave será entrelazarlas bien a través de mesas de diálogo entre la industria, el sector primario y la comercialización.

(María Martín). De nada sirve ya que cada uno haga la guerra por su cuenta. Y estoy convencida de que este sector estará altura porque históricamente siempre lo ha estado. La agricultura es pura economía y el agricultor sabe evolucionar con los tiempos. Antes se pedía tener alimentos para sobrevivir, ahora se le pide innovar. Y si antes lo supo hacer, ahora sabrá hacerlo aún mejor si cabe. De hecho ya tenemos muestras de esto último.

¿Y qué se le pide?

(Julio Herreros). Al final el que manda es el mercado. Y quien esté agrupado colaborando con otros en puntos de encuentro comunes saldrá a flote y quien no lo esté no podrá mantener su posición. Y la especialización no está reñida con la diversificación, como el enoturismo.