El último 'grande' de Toni

Su entrenador de toda la vida dice adiós con una última victoria en Nueva York, donde estuvo junto al séquito habitual de Rafa: Moyá, Roig y Costa

MANUEL SÁNCHEZ MADRID.

Toni Nadal se marchará de 2017 con un Roland Garros y un Abierto de Estados Unidos bajo el brazo. El tío de Rafa Nadal a partir de la próxima temporada dejará de viajar con su sobrino para centrarse en dirigir la Academia de tenis de Manacor, pero lo hará con un último servicio cumplido. Su entrenador de toda la vida se irá con diez Roland Garros, tres Abiertos de Estados Unidos, dos Wimbledon y un Abierto de Australia. Un palmarés que aún puede aumentarse en los próximos meses con torneos como los Masters 1000 de Shanghái, París, o la Copa de Maestros de Londres.

Toni, que no descartó acompañar a Nadal si este se lo pide en el futuro, vivió el partido en la grada de la Arthur Ashe con el nerviosismo y la seriedad que le caracterizan. Ni siquiera las sonrisas que se le escaparon a Carlos Moyá, sentado a su lado, cuando Nadal dispuso de bola de partido, ablandaron a Toni. Ataviado con su característica gorra blanca y unas gafas de sol negras, vivió el partido animando a su sobrino, con la hermana y la novia del campeón de dieciséis 'grandes', Francis Roig, Carlos Costa y todo el equipo que habitualmente acompaña al balear.

Lo celebró como uno más de las 23.700 almas que poblaron la central de Nueva York y recibió palabras de cariño de su sobrino instantes antes de recibir la copa de campeón. «Sin él nunca hubiera jugado al tenis, es genial tenerle empujándome», afirmó Nadal. «Me ha convertido en alguien fuerte, solo puedo darle las gracias porque es una de las personas más importantes de mi vida», finalizó en la entrevista a pie de pista.

Toni, que atendió a los medios mientras Nadal celebraba su éxito en pista, se apresuró a meterse al vestuario, quizás para que no se le viese emocionado o para asumir que una etapa de su vida se cierra de la mejor manera posible.

Ahora, Toni se alejará de los focos y trabajará en formar a nuevos valores de un deporte en el que su sobrino es una leyenda. Aunque ya no viaje a cada torneo a su lado, Toni ha dejado una huella imborrable en el carácter de Nadal, que aprendió a no rendirse bajo ninguna circunstancia y a no creerse el mejor, pero sí a ser el único en batirlos a todos.

Nadal volará solo, pero acompañado por la experiencia, sabiduría y trabajo que su tío le dejó tatuados en la piel.

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