La Rioja
Análisis

Nadal, historia de Francia

Rafa Nadal, con su décimo Roland Garros.

Rafa Nadal, con su décimo Roland Garros. / Efe

  • El balear es una figura única en España y también del país vecino, donde los homenajes a su figura se suceden

Rafa Nadal es uno de los deportistas más importantes de la historia de Francia. No nació allí, está claro, pero el de Manacor ha conseguido sobre suelo parisino lo que no había hecho nadie, vencer diez veces en Roland Garros. Francia, pese a no tener un campeón desde 1983, ha visto a grandes vencedores en su historia. René Lacoste, que venció en tres ocasiones, Henri Cochet, con tres entorchados, o Yannick Noah, campeón en 1983, son grandes ejemplos, pero ninguno a la altura del manacorense.

Cochet y Lacoste, junto a los otros dos mosqueteros (Brugnon y Borotrá), tenían, hasta el año pasado, estatuas en el patio de los Mosqueteros. ¿Cómo no iba a tener una Nadal? El presidente de la Federación Francesa de Tenis, Bernard Giudicelli, confirmó antes del comienzo del torneo que se levantaría una estatua a la altura de su leyenda. «Es un monstruo», aseguró Giudicelli.

España está orgullosa de Rafa Nadal y Francia desearía un deportista en sus fronteras que se le pareciese. Roland Garros, que sabe que es su mejor embajador posible, le cuida, le respeta y le da cariño. El torneo tuvo un gesto precioso al darle una réplica de la copa a tamaño real con la inscripción 'Décima Rafael Nadal', entregada, además, por uno de los grandes artífices de todas las victorias del balear, su tío Toni. En el que puede ser su último Roland Garros al lado del balear como entrenador, Toni Nadal le dio la réplica de la copa entre los aplausos del público. Rafa Nadal es el primer tenista con este honor, ya que los campeones normalmente reciben una réplica de la copa más pequeña que la real, que siempre permanece en el torneo. Esta vez, Roland Garros quiso condecorar a su mayor campeón con una copia a tamaño real, en la que se leían los diez años en los que Nadal triunfó en París.

A la fiesta le acompañó un mosaico en la Philippe Chatrier. El público 'dibujó' con cartulinas el número 10, un 'bravo Rafa' y la imagen de la Copa de los Mosqueteros. No es habitual que el tenis, siempre abonado a lo clásico, a no romper las tradiciones, utilice estas celebraciones, pero si merece la pena romper la lógica por alguien, ese es Nadal. Roland Garros finalizó la fiesta más emotiva e importante en la historia del torneo con la proyección de las diez bolas de partido con las que Nadal conquistó cada título. El balear se emocionó, cayeron lágrimas cuando sonó el himno español y acabó por agradecer hasta al apuntador el cariño que recibe cada vez que viaja a París. Y no es para menos, Roland Garros es imposible de entender sin la figura de Rafa Nadal.

Temas

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate