Conde, duque y once veces rey

Rafa Nadal festeja su victoria en el torneo Conde de Godó, la undécima en su carrera. :: efe
/
Rafa Nadal festeja su victoria en el torneo Conde de Godó, la undécima en su carrera. :: efe

Nadal despacha al griego Tsitsipas en la final del Godó y se asegura el número uno

MANUEL SÁNCHEZ MADRID.

Hace exactamente doce años, Rafa Nadal, un chico de algo más de 19, sumó su primera victoria ATP al vencer al paraguayo Ramón Delgado en el torneo de Mallorca. Este domingo, en la pista que lleva su nombre y 16 'Grand Slam' y 77 títulos después, el tenista de Manacor sumó su undécimo Conde de Godó y se aseguró, durante dos semanas más, el número uno del mundo. Conde, duque y rey, Nadal ya tiene todo entorchado posible en el club de toda su vida.

Ante un joven como Stefano Tsitsipas, griego y número 63 del mundo, Nadal demostró por qué es el rey de esto. El balear le bajó de la nube en la que llevaba toda la semana (6-2 y 6-1 en poco más de una hora) y le enseñó una lección. No se puede llegar a la casa del rey y tratarle de tú a tú, que es lo que hizo el griego en los primeros compases, en ese primer juego que se disputó con las dudas de si la lluvia respetaría el partido del campeón.

Al cielo nublado de Barcelona le acompañó un Tsitsipas que adelantó sus mejores armas en el primer juego. Buen saque y capacidad de lanzar ganadores desde dentro de la pista. Quizás falto de carácter o intimidado por la central del Real Club de Tenis de Barcelona, sus gestos eran cohibidos y escasos. No estaba allí para ganar. Eso quedó claro en cuanto Nadal puso otra marcha, pero tampoco lo estuvo para dar mucho más espectáculo que el que su juego estético y estiloso le presupone.

Nadal demostró por qué es el rey sobre tierra e impartió a Tsitsipas una lección para el futuro El griego aguantó el primer set, pero su mente aún no está acostumbrada a batallas como las de ayer

Y es que el público del Godó apenas pudo disfrutar de su preciosista revés a una mano, ese que exhibió en contadas ocasiones. En lugar de dar la cara, se quedó atrás en la pista y se perdió sin una táctica clara y sin soluciones. Como si hubiera arrancado a verlas venir. Alejado de la línea de fondo sufría a merced de un Nadal que a medida que salía el sol se sentía más cómodo.

Llegaron dos roturas en blanco y Tsitsipas, lejos de reaccionar, pareció reconocer su derrota. Su mente, aún no acostumbrada a estas batallas, se dobló ante el balear, omnipresente en todo el campo, capaz de dominar desde el fondo como de lanzar un remate de espaldas que levantó al público y le sirvió para poner el 5-1 en el marcador.

La resaca que deja a sus rivales el perder el primer set ante Nadal y la montaña mental que supone pensar en llevar a tres sets al rey de la tierra batida hicieron mella en el joven heleno. Sólo algún golpe de genio, de esos que crean esperanza en la generación del futuro, como un revés paralelo a la línea, alumbraron el oscuro camino del griego. También se vio perjudicado porque Nadal ya había cogido la inercia y no había quien le parase.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos