El zaguero de la zurda de hierro

Beñat Rezusta, junto al frontón de Vergara, su localidad. :: f. morquecho/d.v.
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Beñat Rezusta, junto al frontón de Vergara, su localidad. :: f. morquecho/d.v.

Rezusta acumula tres años sin suspender un partido en el Parejas en los que ha sumado 44 triunfos y sólo nueve derrotas

VÍCTOR SOTO* VSOTO@DIARIOLARIOJA.COM

logroño. Vergara tiene el corazón de hierro y algodón. Dos industrias que forjaron una historia, una economía y también una ciudad dura y noble. Beñat Rezusta también es fruto de esa irreconciliable dualidad. Irrompible y aparentemente tosco, su cuerpo de gigante esconde a un hombre cordial y educado que vive las horas más felices de la semana entrenando a los jóvenes pelotaris de su localidad.

Una firma metalúrgica, Vergarajauregui y Resusta, destacó en la historia de la localidad y añadió altos hornos y un producto, las cerrajas, al azul mahón que había dado vida al municipio.

Entre las coladas de hierro fundido, los obreros vergareses guardaron un poco de material para moldear una zurda a prueba de golpes. Una aleación especial y secreta para una pieza única e irrepetible que no necesita de garantías porque éstas caducan por falta de uso. Desde que en el 2015 Rezusta apareció en el Parejas, sólo ha tenido que suspender dos encuentros por lesión. La última renuncia por problemas físicos se remonta al 30 de enero del 2015, hace ya más de tres años, cuando su sustituto fue Miguel Merino.

Desde ese momento, el guipuzcoano no ha faltado a ninguno de los 53 partidos del torneo en los que su nombre figuraba en la cartelería. Además, 44 de sus comparecencias se han saldado con triunfos. Es decir, un 83% de triunfos, una cifra por encima de cualquier estadística 'normal' y sólo apta para las estrellas de pelota.

Para el zaguero de 1,92 metros, es la suerte la que le está protegiendo el cuerpo y, especialmente, su zurda, con la que golpea casi el cien por ciento de los pelotazos ya que no se fía de su diestra («debo empezar a darle más con la derecha y en los entrenamientos lo hago; pero en los partidos, me cuesta y me pongo nervioso», reconoce). Eso limita a una sus armas. Lo que para otros sería un suplicio, para Rezusta resulta una rutina. «Todos sufrimos con los partidos, pero yo he tenido suerte porque no he padecido ninguna lesión, que son incontrolables», analiza.

Eso sí, a su única arma, esa zurda de hierro, la cuida para que no pierda prestaciones ni baje de rendimiento. «Todas las semanas suelo ir al masajista y yo también me doy masajes tres o cuatro días a la semana. Además, utilizo hielo. Pero todos los pelotaris lo hacemos», incide. Si no hay trucos, es cuestión de protección, genética y metal pesado.

Dos finales y a por la tercera

El futuro sonríe a Beñat Rezusta, llamado a marcar una época en la pelota. El año pasado se calzó la chapela junto a Irribarria, en un Parejas que pasará a la historia por su dominio brutal. En el 2016, sólo la desafortunada lesión de Juan Martínez Irujo en la final le privó del paño negro. En el 2015, en el año de su debut, no llegó a semifinales, pero le sirvió como aprendizaje. «Estoy encantado con lo conseguido, pero seguro que vendrán campeonatos malos y momentos difíciles», asegura.

En este curso, con Danel Elezkano, ya ha sellado prácticamente el pasaporte a la siguiente ronda. Y, pese a todo, reconoce que no lo ha pasado bien: «Empezamos con dudas y encadenamos dos derrotas, pero ambos hemos cogido confianza y ahora nos encontramos bien». Resulta extraño oír la palabra 'duda' de boca de Rezusta, pero él incide en que no es perfecto. «Cuando tú no te ves, te das cuenta de lo que juegan los demás. Las diferencias las marca sólo el que está bien», se sincera.

Pero ese bache ha pasado y ahora en su cabeza confía en sumar triunfos para llegar a la final y volver a ganar el Parejas. «Cuesta mucho entrar en semifinales, pero de nada sirve lo hecho antes. A la final sólo llegan los dos mejores y esperemos que nosotros seamos uno de ellos», concluye.

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