Tócala otra vez, Aimar

Aimar Olaizola suelta la derecha ante la mirada de Elezkano. :: jesús caso/d.n./
Aimar Olaizola suelta la derecha ante la mirada de Elezkano. :: jesús caso/d.n.

El de Goizueta supera a Elezkano y se mete en su décima final del Manomanista, cota que no alcanzaba desde el 2015

V. S. LOGROÑO.

Aimar Olaizola es como el pianista del Rick's Café. Siempre lleva el ritmo de la música. Fundamental para el ambiente, se percibe casi tanto su ausencia como su presencia. El de Goizueta toca su particular piano. A los 38 años, la sinfonía del navarro continúa sonando. Ayer logró clasificarse para su décima final del Manomanista, lo que no ocurría desde el 2015. Sumando los tres torneos, la cifra se amplía a 25, a sólo una del más grande de los campeones, Julián Retegui.

22 OLAIZOLA II

0 ELEZKANO II

Duración
51 minutos.
Pelotazos
243.
Saques
Olaizola, 5; Elezkano, 1.
Faltas
Olaizola, 1; Elezkano, 1.
Ganados
Olaizola, 10; Elezkano, 4.
Perdidos
Olaizola, 6; Elezkano, 6.
Marcador
3-0, 3-4, 7-4, 7-5, 8-5, 8-7, 15-7, 15-8, 17-8, 17-10, 19-10, 19-11, 20-11, 20-13 y 22-13.
Botilleros
Pablo Berasaluze, con el ganador; Ander Elezkano, con su hermano.
Incidencias
Lleno en el frontón Labrit de Pamplona.

Fue el Aimar Olaizola de siempre, el combativo, sobrio y eficaz. Siempre esforzado, siempre resolutivo. Y siempre ganador. Danel Elezkano, que llegaba a la cita del Labrit con toda la ilusión del mundo, se marchó sin poder superar el cartón 13. Lo intentó todo y sufrió un mundo, especialmente defendiendo de volea, pero le faltaron recursos, esos que parecen sobrar al de Goizueta.

No fue una mala actuación del vizcaíno. Simplemente, se encontró con un rival superior que se aprovechó de sus debilidades. Encajar cinco saques es demasiado y verse siempre lejos del frontis resulta una losa para un delantero, especialmente si el remate es su especialidad.

Fue un inicio demoledor. Dos saques a los que se encadenó una chapa de Elezkano. El de Goizueta ya ejecutaba su sinfonía mientras a Elezkano no le había dado tiempo de sacar el violín de su funda. Cuando lo logró, cogiendo el saque, igualó la contienda e, incluso, logró una mínima renta con un pelotazo por la pared izquierda (3-4). Fue su única ventaja.

A partir de ese momento, las notas de Olaizola empezaron a sonar más fuertes y cadenciosas. Con violencia (Elezkano, por ejemplo, aguantó cuatro soberbios voleones defensivos pero al quinto claudicó en el 5-4) y un saque (7-4) conseguiría sus primeras rentas. Aunque Elezkano se mantenía vivo en el partido con algún tanto muy meritorio, como el 7-5, cuando llegó al rincón y sobrepasó, golpeando el cuero desde casi el suelo, para superar a su adversario. Pero a partir del 8-7 todo cambió. Elezkano tenía el saque para igualar la contienda y, sin embargo, envió la pelota al fleje lateral. Se le vino el mundo encima. Y Olaizola se metió de lleno en la refriega. Se disparó hasta el 15-7, con tantos duros, ganchos acrobáticos y una espectacular apertura a la punta, marca de la casa.

El Labrit disfrutaba de su campeón. Erró otro gancho, pero la diferencia ya era mayúscula (17-8). El delantero de Zarátamo lo intentó hasta el final y porfió buscando resquicios que le valieron para firmar sus dos últimos y bellos tantos (el 20-12 por pared; el 20-13, una dejada al rincón). Pero el concierto estaba a punto de terminarse. Olaizola cerró el partido y espera al día 27 para seguir ejerciendo su magisterio.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos