La reivindicación del veterano

Aimar Olaizola celebra su triunfo en semifinales. :: jesús caso/d.n.
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Aimar Olaizola celebra su triunfo en semifinales. :: jesús caso/d.n.

Olaizola II, el pelotari más longevo, sigue reivindicándose dos décadas después

V. S.

logroño. Aimar Olaizola se mantiene en la brecha veinte años y un mes después de su debut, allá por 1998. Antes del Campeonato Manomanista aseguraba que veía difícil volver a una final. Pocas semanas después, comienza una nueva tanda de entrenamientos para encarar la cita del 27 de mayo con garantías. Será su décima lucha por el título.

Su DNI asegura que ya ha cumplido 38 años. Como los pensionistas lo hacen en la calle, el de Goizueta grita en los frontones. No hay edad cuando sobran los motivos y ganas. Y el navarro las tiene. Ante Jokin Altuna protagonizará la final de la historia con más diferencia de edad entre sus contendientes: 16 años.

Olaizola busca así continuar la estela de los veteranos que han superado ampliamente la cuarentena para alzarse con el título del mano a mano. Atano III se subió a lo más alto en 1946, con 42 años. Julián Retegui lucía 39 años cuando se coronó en 1993 y Arretxe, en 1997, o Lajos, en 1976, ya habían cumplido los 36. En un momento en el que las empresas penalizan la edad, Olaizola es un ejemplo de lo que un pelotari, con tiempo y, por supuesto, cualidades, puede llegar a ser.

En el lado contrario de ese grupo de veteranos está la insolencia de Iker Irribarria, el más precoz, que se llevó a casa la lana con 19 años en el 2016. Jokin Altuna no puede aspirar a batir ese récord, pero sí a estrenarse en una modalidad que parecía quedarle grande. Sin embargo, el que se ha hecho un gigante es el de Amézqueta, con un torneo soberbio.

La expectación por ver la final es enorme. Apenas medio centenar de entradas quedan ya disponibles para la final del Manomanista.

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