El motor de la pelota

El motor de la pelota

AUGUSTO IBÁÑEZ 'TITÍN III'PELOTARI

De Juan Martínez de Irujo me tengo que quedar con la persona porque, además de un gran rival, ha sido un compañero. Para los aficionados ha sido un placer verlo en el frontón, pero también para los rivales. Transmitía en la cancha y en el vestuario. Es noble y humilde.

Además, por nuestros caracteres, congeniamos pronto. Nuestra forma de jugar y de pensar era parecida. Los dos hemos sido muy competitivos y siempre hemos mantenido una rivalidad sana, en la que en el frontón cada uno íbamos a hacer el tanto con nobleza y, si nos cabreábamos, se acababa con el partido. Además, teníamos la confianza de poder llamarnos 'rabolechón' y luego, olvidarnos.

Juan ha sido y será muy importante para la pelota. Si la pelota fuese un motor, Irujo sería una pieza principal. Siempre ha dado mucho al público y al resto de pelotaris, porque enfrentarte a él te obligaba a mejorar. Era, es y seguirá siendo un grande, un imprescindible de la pelota.

Además, tenía algo especial, con lo que se nace. Su carácter, su forma de jugar, sus golpeos... Todo transmitía y le hacía ser admirado. Verlo siempre era un placer, aunque además escondiese a un ganador nato. Además fue capaz de hacer lo que sólo hacen los grandes: atraer a todos (jóvenes, mujeres, aficionados tradicionales...). Y en todas las regiones. La gran mayoría del público, jugase donde jugase, iba a su favor.

Personalmente, para mí ha sido muy importante. Desde que debutó nos hemos enfrentado y en mi festival de despedida de Aspe él quiso jugar contra mí. Queríamos que fuese un festival netamente riojano, pero Irujo no podía faltar porque ha sido parte fundamental de mi carrera. Aún así, echando la vista atrás, no me quedo con partidos como la final de Parejas del 2004, cuando nosotros [Titín-Goñi III] ganamos pero a ellos [Irujo-Lasa] no les salió un buen encuentro. De él siempre recordaré los festivales de pueblos o de fiestas. Disfrutábamos los dos y dábamos un gran espectáculo.

La pena es que un problema cardíaco le haya alejado de las canchas porque seguía teniendo juego para regalar, para enseñar a jóvenes y veteranos y seguir aspirando a títulos. Porque Irujo nunca ha bajado los brazos y siempre ha salido a darlo todo y a ganar. Irujo ya es historia de la pelota.

Su despedida ha sido un palo fuerte y sé que lo ha tenido que pasar mal por cómo vivía la pelota. Pero él va a seguir amando la pelota y va a ser siempre pelotari.

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