Fallece Bastida, plata olímpica e historia de la pelota riojana

Jesús Ruiz Bastida, con su familia y amigos, durante el homenaje que le rindió Villamediana/Juan Marín
Jesús Ruiz Bastida, con su familia y amigos, durante el homenaje que le rindió Villamediana / Juan Marín

El exdelantero de 54 años no ha podido superar una larga enfermedad, que jamás le privó de estar cerca de los frontones

V. S.

El pasado 3 de septiembre, el frontón de Villamediana se quedó pequeño, muy pequeño, para asistir al homenaje de Jesús Ruiz Bastida y el 'bautizo' del recinto con el nombre del exdelantero. La enfermedad ya habitaba en él, como durante los últimos seis años, pero nada pudo privarle de disfrutar de su momento rodeado de su familia y sus amigos y siempre el verde detrás (antes el blanco) de los frontones. Porque Bastida era, sobre todo, un hombre de pelota.

Gracias a su amor por ella y por su pueblo, Villamediana de Iregua, se dio conocer. Un corazón enorme y una predisposición absoluta al trabajo de la escuela de la localidad y de las actividades de la Federación Riojana de Pelota, a la que estuvo íntimamente ligado. «Hasta la semana pasada nos estuvo ayudando con los Juegos Deportivos», rememoraba ayer un dolido Javier Salaverri, presidente de la Federación Riojana pero, antes que nada, amigo. «Se nos va un gran hombre, un hombre bueno», sintetizaba emocionado.

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Fue Bastida un pelotari de éxitos pero que no llegó a dar el salto al profesionalismo. La plata olímpica en trinquete en los juegos de Barcelona de 1992, dos medallas de bronce en Mundiales, un par de campeonatos de España y multitud de laureles a lo largo de más de dos décadas reflejan el carácter de un hombre que se hizo a sí mismo y luego ayudó a que centenares de chavales también conociesen el mundo a través del prisma del cuero de la pelota y el verde del frontón.

No fue profesional porque no quiso. «En esa época los aficionados tiraban mucho y, si no ibas a triunfar como un primera, era mejor quedarse en aficionados», analizaba ayer José Ángel Balanza 'Gorostiza', que compartió con Bastida vivencias y Juegos Olímpicos. «Cuando salió Asegarce, le pilló un poco tarde. Entonces, ser aficionado estaba mejor considerado que ser profesional», resumía Javier Salaverri, con quien compartió innumerables horas como compañeros o rivales.

Fue delantero de picardía y genio, con buen remate y enorme habilidad a la hora de colocarse en la cancha, aunque él prefería definirse como «un pelotari duro». «Yo lo daba todo en el frontón y a los rivales costaba ganarme», reflexionaba en una entrevista a Diario LA RIOJA justo antes del homenaje de su localidad natal.

Su pasión por la pelota le permitió triunfar en el frontón de 36 metros y en el trinquete, que le obligaba a realizar continuos viajes a Arnedo, Pamplona o Barcelona para entrenarse. Fue en esa modalidad en la que brilló en Barcelona'92 y la que le dio renombre internacional.

A los 54 años, Jesús Ruiz Bastida fallecía ayer en Logroño dejando un legado de humildad, sacrificio, pasión por la pelota y un trabajo bien encaminado en su localidad para que la escuela de pelota continúe funcionando y sembrando la semilla del deporte entre los más jóvenes.

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