La Rioja

Darío, finalista por la puerta grande

Darío, finalista por la puerta grande
  • Un mal inicio no mermó al riojano, que sacó su mejor y más violento juego para destrozar a un peligroso Elordi

  • El ezcarayense sale indemne del 'infierno de Mallavia' y brilla con su potencia descomunal

En las gradas del frontón de Mallavia, una pancarta entre jocosa y amenazante: «Bienvenido al infierno». En la cancha, dos pelotaris. Uno, Elordi, con todo el público de su pueblo apoyándole. El otro, Darío, luchando contra todo y todos. Era una encerrona pero nadie sabe muy bien para quién. Con dos chavales de 20 años cara a cara y su primera gran oportunidad de brillar a un solo paso, la cabeza fría iba a resultar determinante.

Y en Ezcaray se fabrica el frío. Y Darío, al que a veces se le olvida eso, ayer mostró su perfil más ganador, aprovechando siempre sus armas, llevando el partido a su terreno y asegurando, fiando todo a su poder, a su magnífica mano derecha, que suelta misiles, y a una zurda más que notable. No firmó ningún tanto de aire. No lo necesitó. Entró en la final del Cuatro y Medio de Promoción por la puerta grande, con golpe y seguridad. Se sobrepuso al infierno de Mallavia, a las ganas de su rival y a un inicio dubitativo.

Pero, sobre todo, pasó por encima de todos esos problemas físicos que le han martirizado casi desde su debut en profesionales. Darío no se acordó de las dos primeras derrotas del torneo, ni de que se clasificó para semifinales en un arreón digno de un pelotari pundonoroso. Jugó su juego, rompiendo el cuero con sus manos y sacando al rival de los cuadros delanteros, y Elordi sólo pudo correr, mostrar agallas y sucumbir. El infierno de Mallavia se heló con el soplido de Darío que, por fin, tiene un premio a su casta y a su capacidad de superación.

Y eso que no empezaron bien las cosas para Darío. Entró nervioso a Mallavia, a territorio 'enemigo'. Recibió un saque por enviar la pelota al colchón superior (lo repitió en tres ocasiones más, exceso de ganas o mala postura) y falló en su primer envío inicial por tiro largo. En esa tesitura, sin romper siquiera a sudar, el ezcarayense se vio con un 1-5 en contra.

El infierno se caldeaba, pero Darío se refrescó gracias a que Elordi marró un saque. Volvió el riojano a tomar las riendas del choque y a hacer mucho daño, primero con una carambola de muñeca y fuerza, y luego con un saque y un saque-remate (5-5). La igualdad era patente en un encuentro que se desarrollaba a velocidad de vértigo, primando los golpes iniciales a la tensión de los tantos. El pelotari local volvió a ponerse por delante (5-7), pero en lo más duro de la batalla, Darío sacó la calma que se le exigía. Se aprovechó de un error de Elordi para volver a tomar la iniciativa y enganchó una tacada de otros cuatros (11-7) y sólo en error por exceso de fuerza dio alas a su rival tras unos minutos de enorme juego del riojano (14-8).

Última reacción

Pero Elordi iba a morir con las botas puestas. Logró salir del fango con casta y gracias al saque y a pelotas dudosas que fueron de su lado. Seis tantos consecutivos y otra vez las dudas (14-14). Sin embargo, las llamas del averno no quemaron a Darío. En el tanto clave, tras una dura refriega, volvió a aparecer el fusil del de Ezcaray (15-14). Y, con el saque en la mano, Darío se lanzó a tumba abierta a por la victoria. Ya no paró: saque, llegando en defensa y clavando la pelota en el rincón, golpes, por pared de zurda... De todos los colores hasta que el cartón 22 congeló el infierno.

Darío brincó como un niño con el triunfo. Sólo el sabe lo que le ha costado llegar a este punto, que no es más que el inicio. Hoy sabrá si Jaka o Ugalde pelearán con él por el título. Pero lo que sí sabe de sobra es que, llevando los partidos a su terreno, no le debe importar el rival.

Además, en el primer encuentro del festival nocturno, Mendizabal y Tolosa se llevaron un ajustado triunfo (22-18) ante Elezkano II e Irusta.