La Rioja

Yamaha pierde el paso

  • La marca japonesa acumula ocho grandes premios sin alcanzar la victoria

El veredicto de la pretemporada fue claro: la moto que mejor se había adaptado a los cambios en el reglamento había sido la Yamaha. Un hecho que se confirmó en el comienzo del curso, mientras el resto de marcas se encontraban en distintos puntos. Suzuki mostró una clara mejoría respecto a su año de debut, vio el podio más cerca que nunca. Ducati tuvo algún problema de adaptación a los neumáticos Michelin con sus pilotos más corpulentos, aunque en sintonía como para discutir los puestos delanteros. Aprilia sigue en su paso a paso, pero todavía lejos de ser competitiva. Honda sufrió como nunca, con Marc Márquez pasando las de Caín para sacar el máximo de su moto, mientras sus compañeros de marca penaban fin de semana sí y fin de semana también.

Tras cerrar el Mundial en Japón, el piloto de Cervera confesó lo difícil del inicio del año y el esfuerzo mental que le supuso, tras el traumatizante final de 2015, encontrar el punto necesario teniendo que pelear con una moto fallida y debiendo confiar en la habilidad de los ingenieros japoneses para mejorar una moto con la que ya en la última temporada no habían dado en el clavo.

El resultado lo confirmó: cinco victorias en siete grandes premios para Yamaha, tres de Jorge Lorenzo -Losail, Le Mans y Mugello- y dos de Valentino Rossi -Jerez y Montmeló-. La última del italiano se convirtió en la última de Yamaha, que durante ocho carreras fue incapaz de vencer, un hecho que ayudó a que Márquez cerrase el título de 2016.

En ese periodo MotoGP vivió los triunfos de Miller, Crutchlow, Pedrosa y Márquez por tres veces, más los de Iannone y Viñales, tres marcas diferentes. Se corroboró lo que se venía intuyendo: el crecimiento de todos los competidores -incluido el de Aprilia en su particular pelea por acercarse al resto de fábricas, algo para lo que aún le queda un trecho- y el estancamiento de Yamaha.

«Comenzamos la temporada desde un punto muy alto, pero el problema, sobre todo si nos comparamos con Honda, es que hemos tenido nuevas piezas pero no hemos podido dar el paso que dimos tanto en 2015 como en 2014 en medio de la temporada», explicó Rossi en Australia, después de haber comenzado la semana reconociendo que algo ha fallado en Yamaha este año. «Al final de esas temporadas éramos muy fuertes y esta vez no hemos podido. Así que tenemos que seguir algún otro camino. Creo que en Valencia veremos ya la moto», dijo el italiano.

Esa M1 2017, que debería de haber debutado ya, ha ido sufriendo varios retrasos. En teoría, ofrecerá importantes mejoras, aunque las evoluciones previstas para el año en curso no hayan dado resultado. El chasis que probaron los dos pilotos oficiales y que descartaron ha terminado en el 'box' satélite en manos de Pol Espargaró y alguna pieza más ha dejado la moto de Yamaha casi en el mismo punto en el que comenzó en Catar.

«Seguramente hemos sido la fábrica que menos hemos mejorado de principio de año a ahora», comentó Lorenzo en Japón, tras una carrera en la que se vio persiguiendo infructuosamente a la Honda de Márquez, mientras por detrás le apretaban la Ducati de Dovizioso y las Suzuki de Viñales y Aleix Espargaró, en un circuito como Motegi que en los últimos años había sido muy favorable a Yamaha. «Nosotros lo notamos, porque si los oficiales tienen problemas nosotros más», explicaba Pol Espargaró, quien en la primera mitad del año se había convertido en el dominador de la sub categoría de pilotos privados y ha visto como en la segunda Crutchlow le ha alcanzado y rebasado.

Tanto Espargaró como Lorenzo abandonarán en 2017 la fábrica japonesa. El primero, con destino KTM; el segundo, a Ducati. Esto les impide hablar más de la cuenta sobre su todavía casa, a la vez que hace que los problemas les afecten menos a medio plazo. No así a Rossi y a Viñales. Los dos contarán con un test extra en Sepang, a finales de noviembre, además del clásico posterior al Gran Premio de Valencia, la verdadera prueba de fuego de la nueva moto preparada por Yamaha. El punto que marcará la recuperación o no de la marca de los diapasones.