La Rioja

MotoGP

El doctorado de Márquez

Marc Márquez celebra el título.
Marc Márquez celebra el título. / Efe
  • El campeón muestra una versión cerebral inédita

Cuando los pilotos y las marcas se reencontraron en el primer test de MotoGP de 2016, en el circuito de Sepang (Malasia), lo hicieron para encarar la temporada más impredecible de los últimos años. La llegada de Michelin y la introducción de una electrónica igual para todos iban a suponer un reto tecnológico y un reto de gestión de situaciones complicadas. Las primeras pistas colocaron al pack Yamaha-Jorge Lorenzo como la opción más sólida, la que mejores sensaciones daba. Ducati comenzaba a mostrar esa mejoría intuida desde la llegada del ingeniero Gigi Dall'Igna y Suzuki confirmaba el crecimiento tras su prometedor año de regreso a la clase reina. Mientras tanto, Honda penaba. Dani Pedrosa se hundía en las clasificaciones, Cal Crutchlow era casi incapaz de terminar una carrera, con una caída tras otra... Y Marc Márquez asumía que iba a tener que sufrir y que, después de lo sucedido en 2015, iba a tener que aguantarse las ganas y a cambiar el modo de encarar los fines de semana. Una teoría para la que recibió confirmación en la carrera de Le Mans, después de perder el liderato tras sufrir una inexplicable caída, de esas que se repitieron en general en un inicio de curso en el que la 'fragilidad' del neumático delantero de Michelin fue uno de los mayores miedos de los pilotos. Además, justo en ese momento pareció que Lorenzo y Yamaha comenzaban a demostrar lo esperado tras unos primeros Grandes Premios con altibajos.

“Ha sido el mejor título de los tres de Marc”, aseguró Andrea Dovizioso, segundo en Motegi, nada más terminar la carrera. Un comentario extendido entre los pilotos de la clase reina, unos pilotos que reconocen que el Márquez de 2016 es, probablemente, el mejor de estos años en MotoGP, por esa capacidad de adaptarse a las circunstancias y de interpretar lo especial de la temporada, pese a que en los primeros meses del año su moto estaba muy por debajo del nivel competitivo al que él la llevaba. “Me atrevería a decir que al principio de la temporada los cambios en el reglamento fueron un gran problema para nosotros, porque empezamos a remolque y desde la pretemporada nos costó mucho”, reconocía el de Cervera ya más tranquilo una vez cerrado el Mundial. “Me reuní con Honda varias veces y les prometí que sería conservador y que me concentraría en sumar el máximo número de puntos posibles en las primeras carreras, pero ellos me tenían que ayudar en la segunda mitad de la temporada. Les pedí que se notase cómo Honda es capaz de reaccionar ante los desafíos, porque estábamos muy lejos de nuestro mejor nivel. Poco a poco hemos ido llegando y eso nos ha permitido que la RC213V en las tres últimas carreras haya sido muy competitiva”.

Un análisis que explica una año, el de un piloto capaz de asumir los errores del pasado –seis ceros en 2015- y de entenderlos para sacar provecho en los momentos complicados, que en 2016 no han sido pocos. También con el apoyo de Honda, muy criticada en el inicio del curso y que poco a poco ha dado a sus pilotos una moto mucho más equilibrada y competitiva, hasta el punto de que a falta de tres Grandes Premios para la conclusión de la temporada ya muy pocos se atreven a afirmar qué moto es superior en estos momentos. Una mala señal para Yamaha, que ha perdido esa aureola de moto dominante y que se ha visto rebasada o alcanzada por todos sus competidores. Motegi fue una buena muestra de ello. Rossi pagó un error, previsto por Márquez, que en parrilla había intuido que su principal rival no estaba lo tranquilo que en él es habitual, fallo que también cometió Lorenzo, aunque desde fuera fuese casi imperceptible. Esto mientras la Ducati de Dovizioso apretaba por detrás seguida por las Suzuki de Viñales y Aleix Espargaró. “Me costó entender cómo hacer trabajar bien el neumático delantero en las primeras carreras”, reconocía el campeón tras la carrera. “Pero en Montmeló, rodando detrás de Rossi vi algunas cosas que me hicieron entender en qué tenía que cambiar para sacarle un mejor rendimiento”. Otra confesión que ejemplifica el trabajo de hormiguita al que se vio obligado Márquez para consolidar su liderato y para llegar a ese punto que le ha permitido plantarse cada domingo en la parrilla sabiendo exactamente hasta dónde iba a poder llegar. “Con Emilio (Alzamora) cogimos un calendario y fuimos marcando qué se podía hacer, aquí un tercero, aquí un quinto, aquí ganar…”.

Todo un doctorado en motociclismo para el 93 que ha sabido fortalecerse en la adversidad, aprender de los errores y gestionar situaciones en las que antes se dejaba llevar por su carácter impulsivo sobre la moto. Un corsé que se quiere quitar en las últimas carreras de 2016. Para Australia, Malasia y Valencia promete sacar, con el permiso de Alzamora, de Honda y de su equipo técnico, el Márquez auténtico, el que más fama le ha dado. Porque el trabajo está hecho y ha llegado el momento de poner toda la carne en el asador.