La Rioja

Marc Márquez celebra su quinto título mundial, ayer  en Motegi (Japón), el tercero en MotoGP. :: reuters
Marc Márquez celebra su quinto título mundial, ayer en Motegi (Japón), el tercero en MotoGP. :: reuters

FIEBRE EN LAS GAUNAS

La extraña atracción

Hace 134 años, en un barrio de Stuttgart, unos honorables alemanes decidieron llamar a la policía. No les gustaba lo que veían diariamente. Metales, ruidos, explosiones, extrañas máquinas... La llegada de unos tales Maybach y Daimler estaba sembrando el pánico en la zona. Pensaban que eran fabricantes de armas. O tal vez falsificadores. Nada bueno, de cualquier forma.

Sin embargo, los agentes cuando entraron en la recién estrenada casa descubrieron herramientas, desorden y caras de sorpresa. Maybach y Daimler sólo tenían ojos para sus inventos, por lo que no se habían percatado del revuelo que habían causado entre su elegante vecindario.

Estos probos teutones no tuvieron que esperar mucho para volver a echarse las manos a la cabeza cuando, tres años después, un engendro de madera y hierro, humeante y ruidoso, salió de ese garaje para recorrer las calles. Era la primera motocicleta que alcanzaba la increíble velocidad de... ¡12 kilómetros por hora! Sería el primero de una larga serie de inventos, evoluciones e investigación de una pareja de genios que dio cuerda al reloj de la historia.

Desde esa humilde casa-taller surgió la moto, que guarda ese espíritu de orden alemán, con las tripas llenas de válvulas, pistones, cilindros y carburador en las que todo encaja sin espacio, como un mecano mágico, pero que aporta unas sensaciones demasiado violentas, casi incontrolables, y de libertad. Tal vez por eso los alemanes no le vieron demasiada gracia al invento y éste haya triunfado otras latitudes más cálidas y abiertas a nuevas sensaciones.

Existe una extraña atracción en las motos difícil de explicar. Representan el sueño de libertad de los adolescentes, pero también el de personas talludas que se aferran a sus manillares como último símbolo de salvaje autonomía. Y, sobre todo, son sinónimo de éxito en el deporte español.

Ayer, Marc Márquez logró el cuadragésimo sexto título mundial de un piloto español (el quinto en su cuenta particular). Y lo hizo por todo lo alto, contra pronóstico y riendo como el casi niño de 23 años que todavía es. A lo loco y a toda velocidad, con ese espíritu motero tan cercano, atractivo y, al mismo tiempo, amenazador del mundo de las dos ruedas.

Maybach, a lomos de su 'burra', cortando el viento a esos furiosos 12 kilómetros por hora no se podía haber imaginado un destino así. Su 'Reitwagen' convertida en deporte, símbolo de ocio y, sobre todo, gloria nacional para españoles e italianos. Inimaginable incluso para una mente privilegiada como la suya. Y mucho menos a esas velocidades. Ahora sólo falta seguir disfrutando, conciencia, precaución y que se mejoren los guardarraíles. Eso sí que es un motivo para pensar y para no celebrar.