Análisis

McLaren contra Toro Rosso: la guerra en la Tierra Media

El McLaren de Fernando Alonso. /Andrej Isakovic (Afp)
El McLaren de Fernando Alonso. / Andrej Isakovic (Afp)

El rendimiento del equipo de Alonso y Vandoorne no está tan cerca del podio como auguraban, de momento, mientras sus ex socios de Honda llevan a Toro Rosso a rozarlo

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMADRID

Cuando Pierre Gasly entró en la línea de meta del GP de Baréin en cuarta posición, mientras sus mecánicos pegaban saltos de alegría como si hubieran ganado el Mundial, las cámaras no captaron las caras que había en McLaren. Sus ex socios de Honda habían conseguido su mejor puesto desde su regreso a la Fórmula 1 a la segunda carrera con su nueva escudería, y en un circuito donde la potencia del motor es un elemento a tener en cuenta.

Las palabras de Gasly mientras volvía a boxes, «ahora podemos luchar», versionando las mismas que hizo Alonso quince días antes, sonaban más a una reivindicación por parte de los nipones, una defensa del francés hacia sus compañeros, que otra cosa. El aparato mediático está empeñado en menospreciar a los rivales del asturiano, incluso con mofas o burlas.

Pero los datos son los datos: Toro Rosso ha colocado su coche en una carrera ahí donde McLaren no lo había logrado en tres años. Pero igual de verdad es que Alonso está cuarto en el Mundial de pilotos, sólo superado por el doble ganador de este año Sebastian Vettel, Lewis Hamilton y Valtteri Bottas. También que McLaren es el tercer equipo del Mundial de constructores, Toro Rosso el sexto y ya han tenido que cambiar varias piezas de su unidad de potencia Honda tras el doble KO de Australia. Datos sin capacidad de interpretación, pero que requieren un contexto.

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Como decía Alonso después de la carrera, el resultado fue un poco por casualidad: abandonaron los dos Red Bull (por primera vez en siete años) y un Kimi Räikkönen que ha puesto en los titulares a Francesco Cigarini, uno de esos soldados de infantería anónimos que hacen que un equipo de Fórmula 1 sea grande como Ferrari. Eso no explica cómo puede ser que Pierre Gasly acabase quinto el sábado, en clasificación, y cuarto el domingo.

A McLaren le queda trabajo por delante. Las evoluciones que han estrenado este fin de semana en Baréin les han dado un resultado relativo, aunque a la hora de la verdad, no están en situación de pelear por sus compañeros. Esa Tierra Media en la que están envueltos varios equipos (McLaren, Renault, Haas, Toro Rosso, Force India o incluso Sauber) no tiene fronteras nada definidas. La pelea por completar la zona de puntos va a ser encarnizada en cada carrera, al menos hasta que los diferentes presupuestos pongan a cada uno en su lugar y el goteo de nuevas piezas vaya cayendo poco a poco.

Ahí es donde McLaren sacará pecho, por lógica, frente a Toro Rosso y Honda. El 'pique' no es con los de Faenza, ya que es como si el Real Madrid o el Barcelona comenzaran una agria polémica con el Málaga o la UD Las Palmas: no tienen los mismos objetivos. Para unos es ganar títulos, y para otros es conseguir buenos resultados. McLaren no lucha contra Toro Rosso porque mira hacia arriba, mientras que los italianos tienen de techo lo que les dejen en Red Bull. La pelea es con Honda, cuyo matrimonio saltó por los aires por la falta de compromiso de unos y otros y sobre todo por el paupérrimo resultado que dio. Al igual que los objetivos no son los mismos, tampoco lo son los tiempos necesarios: McLaren no podía esperar a que Honda espabilase; Toro Rosso puede permitírselo.

Una guerra política

En la Fórmula 1 el 'statu quo' no se define sólo por los resultados en pista. De ser así, Williams haría tiempo que no tendría una posición preponderante sobre otros equipos. La historia, el peso específico de sus resultados pasados y el potencial económico (en el deporte prima la cuestión monetaria, sea la competición que sea) de futuro son elementos a tener en cuenta en cada Gran Premio.

Liberty Media está en pleno proceso de revolución. Los malos vicios de la última época del imperio de Bernie Ecclestone han dejado una Fórmula 1 previsible, con menos emoción de lo deseado y que pierde público en cascada, aunque la sangría se ha frenado. Por eso se han colocado 2021 como fecha para cambiar el Gran Circo y convertirlo en el Gran Teatro de los Sueños, donde el automovilismo sea lo que otrora fue. Honda será un actor preponderante en ese nuevo escenario, toda vez que sus negociaciones con Red Bull lleguen a buen puerto. Toro Rosso es un paso intermedio hacia un fin mayor, que es convertirse en motoristas de un futurible campeón del mundo.

Al igual que los paseos de Frodo por el Bosque Negro no eran más que una etapa para llegar al Monte del Destino para destruir el Anillo Único, las escaramuzas y piques que se van a vivir esta temporada entre McLaren y Toro Rosso-Honda no son más que pasos intermedios hacia un fin: llegar a proclamarse campeones del mundo en un futuro. Aunque, de momento, sólo puedan celebrar acercarse al podio.

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