Mundiales de Atletismo

Schippers, la holandesa voladora

Dafne Schippers cruza victoriosa la meta. /Jewel Samad (Afp)
Dafne Schippers cruza victoriosa la meta. / Jewel Samad (Afp)

Vence en el 200 y certifica la cada vez más latente igualdad entre los atletas de raza blanca y negra en la velocidad

MIGUEL OLMEDAMADRID

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que la velocidad era un coto privado para los atletas de raza negra. Pero el Mundial de Londres ha confirmado el fin de esa era en la que estadounidenses y jamaicanos, principalmente, dominaban con puño de hierro toda carrera entre la recta y la vuelta a la pista. Primero fue Karsten Warholm, el joven noruego que, procedente de las pruebas combinadas, venció en el 400 vallas para sorpresa de los yanquis. Después le llegó el turno a Ramil Guliyev, el turco nacido en Azerbaiyán que le arrebató el oro en el 200 a Wayde van Niekerk e Isaac Makwala. Pero si alguien representa a la perfección la progresión de la raza blanca en las distancias cortas, esa es Dafne Schippers, bicampeona del mundo en el doble hectómetro.

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La imponente holandesa se presentó en sociedad en 2013, cuando a los 21 años se llevó la medalla de bronce en el heptatlón el Mundial de Moscú. No tardaría en abandonar las pruebas combinadas para explotar su potencia en la velocidad pura, y ya en 2014 se proclamó campeona de Europa en el 100 y el 200, doblete que revalidaría dos años después en Ámsterdam. Entretanto, le había dado tiempo de reinar también en el Mundial de Pekín. Allí fue plata en el hectómetro e hizo historia en el doble hectómetro: con 21.63 segundos firmó el tercer mejor tiempo de la historia, ganando el oro, por supuesto. En su debut olímpico, en Río de Janeiro, tuvo que conformarse con la plata.

Schippers llegaba a Londres en una temporada un tanto irregular, lejos de sus mejores tiempos tanto en el 100 como en el 200, pero no defraudó sobre el tartán. En la primera prueba 'sólo' subió al tercer escalón del podio. Se guardaba para su carrera. Y en ella no dio opción a la sorpresa. Shauane Miller-Uibo salió demasiado lenta y únicamente Marie-Josée Ta Lou aguantó el tipo a la holandesa tras la curva. En la recta, Schippers la demolió. Cada zancada suya eran dos de la marfileña, que ni siquiera trató de meter la cabeza sobre la meta. Al final el crono se paró en 22.05, la mejor marca de la temporada.

«Es muy especial proclamarme campeona del mundo dos veces seguidas», reconoció emocionada la velocista al término de la carrera. «Me siento genial, he trabajado mucho para esto. Todo es gracias a mi entrenador», añadió. Un preparador, el estadounidense Rana Reider, que no deja de ganar medallas en Londres: las dos de Schippers, el bronce de Bartoletta en longitud, el oro de Taylor en el triple. Contar con sus servicios es garantía de éxito.

Invasión yanqui en el 3.000 obstáculos

La sorpresa de la jornada tuvo lugar, sin duda, en el 3.000 metros obstáculos femenino. Estados Unidos logró colocar no una, sino dos medallas, oro y plata, en una prueba dominada históricamente por keniatas y etíopes. Emma Coburn reventó la carrera en el tramo final llevándose la victoria, el récord del campeonato con un tiempo de 9:02.58 y la primera presea yanqui en la disciplina en un Mundial. Su compatriota Courtney Frerichs entró en la meta apenas cuatro segundos más tarde. Ambas supusieron la sexta y séptima mejores marcas de todos los tiempos.

En la longitud femenina, Estados Unidos mantuvo su dominio de la prueba aunque cambió de reina. Tianna Bartoletta, campeona del mundo y olímpica en 2015 y 2016, abdicó a favor de su compatriota Brittney Reese, que ya había ganado el título en 2013 y se había quedado a dos centímetros del oro en Río. La rusa Darya Klishina se colgó la plata en un concurso no exento de polémica, pues Serbia reclamó el oro para su saltadora Ivana Spanovic, que en el último intentó se quedó fuera del podio al rozarle el dorsal unos centímetros antes en la caída.

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