25 AÑOS DE BARCELONA 92

La explosión olímpica del judo

La explosión olímpica del judo

Barcelona 92 vivió las primeras medallas olímpicas tras años sin comparecer Almudena Muñoz, con tan solo 23 años, subió a lo más alto del podio tras un combate que dominó en todo momento

IÑIGO ZABALA/M.G. LOGROÑO.

El judo era un deporte desconocido en España. Los triunfos internacionales brillaban por su ausencia. No había ningún referente internacional, ni la práctica era extendida en colegios y universidades. Era un deporte olvidado, inexistente, hasta el milagro de Barcelona'92. Hace 25 años, el himno español sonó en el tatami del Palau Blaugrana. Era la segunda vez en 24 horas. Gracias a Almudena Muñoz. La valenciana derrotó a la japonesa Noriko Mizoguchi en una final en la que la se mantuvo durante todo el tiempo en ventaja.

Almudena llevó el combate a su terreno. La japonesa era superior en el suelo, por lo que Muñoz lo evitó en todo momento, disputándose todo el combate sobre el tartán. El ippon de la nipona llegó pronto. El judo femenino del peso semiligero hablaba español. Pese a lo trascendetal de lo conseguido, Almudena Muñoz no exteriorizó su alegría. No saltó, ni celebró el oro. Almudena ya había agotado todo su repertorio cuando se aseguró la plata ante la china Li Zhongyun.

Acababa de comenzar una nueva vida para ella, la de los flashes, la de los titulares. Con tan solo 23 años, se convirtió en la única judoka española, junto con Miriam Blasco, en lograr la medalla más preciada. Años más tarde les igualó Isabel Fernández.

Dos años antes de los Juegos, se rompió una rodilla. La lesión le mantuvo 6 meses parada

Aquel día fue el más importante en la vida deportiva de Almudena Muñoz y también su punto más álgido. Tras Barcelona, logró una plata en el Campeonato Mundial de Judo de 1993 y un oro en el Campeonato Europeo disputado en Atenas. Se retiró un año después de ser quinta en los Juegos de Atlanta de 1996. Dio por terminada su profesión con 27 años y se dedicó al cuidado de sus dos hijos, Carlos y Daniel. Antes, se había casado con el exjudoca y preparador físico Carlos Torres.

Como luchadora que fue, compatibilizó la atención de sus hijos pequeños con el trabajo en el Ayuntamiento de su ciudad. Su meta es no rendirse jamás, ni en los peores momentos, ni en la más absoluta desesperanza. Conformó ese espíritu cuando se rompió la rodilla en noviembre de 1989. Estuvo seis meses parada portando dos muletas. En el peor momento de la carrera de un deportista, cuando está en proceso de formación. Se apoyó en su familia, sacó los galones de la campeona que llevaba dentro y en enero del 91 ya se consagró como el futuro de este deporte tras vapulear a sus rivales en el campeonato de España.

Ahora, con 48 años, ya no pisa el tartán que tantas alegrías le dio, pero continúa haciendo deporte. Vibra con las opciones de medallas de los suyos y, casi 25 años después de su éxito, empieza a disfrutar de la discreción recuperada. En pleno 2017, los oros de Belmonte o el Wimbledon de Muguruza lo vemos con normalidad. Antes eso era imposible. Barcelona' 92 en general, y el judo en particular, abrieron un camino por el que todavía hay que transitar para igualarlo al del deporte masculino.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos