Boxeo

El combate de su vida

Jorge 'Tiburón' Vallejo se toma un descanso en uno de sus entrenamientos previos a la cita de este sábado. / Sonia Tercero

El riojano Jorge 'Tiburón' Vallejo luchará el sábado en Benalmádena por el título de España de peso Superwelter

IÑIGO ZABALA/M.G. LOGROÑO.

La Rioja tendrá el próximo sábado un representante subido al ring peleando para ser el próximo campeón de España de peso Superwelter (límite de 69,850 kilos). Será Jorge 'Tiburón' Vallejo y se convertirá así en el primer riojano que dispute un entorchado de esa índole. Lo hará contra Manuel López Calvero después de la renuncia del actual campeón, Javier García Roche.

El púgil riojano, de 33 años de edad, se muestra inquieto pero optimista a tres días de la velada de Benalmádena. «Estoy un poco nervioso, porque es la oportunidad de mi vida. Tengo mucha motivación para hacer una buena pelea y conseguir ese cinturón», relata Vallejo. Una oportunidad que comenzó a vislumbrarse en 2016 cuando se convirtió en boxeador profesional.

Ese nuevo estatus le ha llevado a cambiar su forma de vivir. Ahora realiza entrenamientos mucho más específicos. «Por la mañana, trabajo la parte física y por la tarde, la técnica. Mi vida ha cambiado, ahora aspiro a ser campeón de España», relata con la sonrisa en el rostro. Un sueño hecho realidad. Un sueño por el que ha luchado muy duro y que no esperaba lograr. «Hace un año, creía que mi meta era ser aspirante al título de España. Un año después he conseguido estar en esa pelea fruto del esfuerzo de mis entrenadores y del mío», afirma el riojano.

Es la primera vez en la historia que un púgil riojano aspira a lograr un título nacional

Nadie regala nada en el mundo del cuadrilátero. Su familia no veía con buenos ojos que se adentrara en los gimnasios. «Cuando era joven, mi familia no me dejaba apuntarme a deportes de contacto. Yo jugaba con mis compañeros de clase al fútbol, pero lo que en verdad deseaba era estar con los niños que salían del polideportivo de mi colegio con sus cinturones amarillos».

Con el paso de los años, su afición al boxeo aumentó. Esto le llevó a apuntarse a un gimnasio que impartía clases de kickboxing. «Era mi oportunidad, me apunté por probar cuando cumplí la mayoría de edad. A mí familia no le gustó, pero con el paso de los años, lo han comprendido y siempre noto su apoyo en todos los combates», indica.

Así empezó todo. El sueño de un mecánico que de pequeño no quería ser futbolista. Las paredes del gimnasio donde se entrena alumbran las veladas históricas de los mitos del boxeo mundial, esperando que su rostro y sus golpes adornen el lugar donde se convirtió en profesional.

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